Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Su calva aureolada en crespo pelo
coronaba su testa de cretino
crapuloso de noche, algo cochino,
y a pesar de su oficio, un tanto lelo.
Para ser sacristán, no era el modelo.
Muy cerca del altar por su destino
no llegó a convertir el agua en vino
aunque pusiera en ello mucho anhelo.
A golde de capones, monaguillos
pululaban en busca de prebendas
que no llegaban nunca a sus bolsillos.
Gustaba del cepillo y las ofrendas,
de mesas opulentas, siempre gratas,
de dimes, de diretes y beatas.
coronaba su testa de cretino
crapuloso de noche, algo cochino,
y a pesar de su oficio, un tanto lelo.
Para ser sacristán, no era el modelo.
Muy cerca del altar por su destino
no llegó a convertir el agua en vino
aunque pusiera en ello mucho anhelo.
A golde de capones, monaguillos
pululaban en busca de prebendas
que no llegaban nunca a sus bolsillos.
Gustaba del cepillo y las ofrendas,
de mesas opulentas, siempre gratas,
de dimes, de diretes y beatas.