NonDracoSitMihiDux
Poeta recién llegado
Lo sé,
y no pretendo detenerte, es imposible con una mano amortiguar una corriente de aire
y esto no se trata de tapar el sol con un dedo, porque a la verdad no escapa ni siquiera el amor.
He intentado comprender los misterios en tu mirada, buscando lo incierto entre constelaciones diminutas, pero parece que nunca terminaré, porque tú no me necesitas para descubrir nada nuevo.
Supongo que entiendes, que yo no corrí hacia ti, creo que la vida te presentó en medio de una difícil partida de ajedrez. Sé que te irás, tal vez no con certeza epistémica, no podría elaborar un argumento, tampoco es una hipótesis, solo parece que al interior de mi pecho toman vuelo aves, abandonando mi interior, como símbolo de tu presencia alejándose cada vez más a paso lento.
Migras, migras hace tiempo, en dirección al mortífero espacio donde mis ojos no puedan verte ni mis manos alcanzarte. Temeré, lleno de pánico ese momento, porque acostumbré a mis dedos ponerse sobre tu cabello, y cuando ello me sea imposible, el cuerpo incluso se revelará en mi contra.
Sé que te irás sin despedirte demasiado; no se trata de un presagio, lo he visto en tu voz y lo he oído en tu mirada; hay algo en ti que me tiene advertido, que sopla a mis oídos lo que interpreto como una despedida dicha a medias, como una canción que termina en pleno estribillo.
El afecto que construí por ti resultó como las alas de Ícaro, quien tratando de huir de la isla de Creta voló demasiado alto, derritiendo el sol así su instrumento. No fui prudente, me elevé más de lo que debía, tanto que no soporté el ardor de tu desdén. Lancé rocas a un pozo de agua cuyo fondo desconozco.
Lo sé, más que tú misma, que te irás, y no haré nada para detenerte, más que evocarte en silencio; a oscuras, lento, y sobre el papel.
Sergio Barrera R.
y no pretendo detenerte, es imposible con una mano amortiguar una corriente de aire
y esto no se trata de tapar el sol con un dedo, porque a la verdad no escapa ni siquiera el amor.
He intentado comprender los misterios en tu mirada, buscando lo incierto entre constelaciones diminutas, pero parece que nunca terminaré, porque tú no me necesitas para descubrir nada nuevo.
Supongo que entiendes, que yo no corrí hacia ti, creo que la vida te presentó en medio de una difícil partida de ajedrez. Sé que te irás, tal vez no con certeza epistémica, no podría elaborar un argumento, tampoco es una hipótesis, solo parece que al interior de mi pecho toman vuelo aves, abandonando mi interior, como símbolo de tu presencia alejándose cada vez más a paso lento.
Migras, migras hace tiempo, en dirección al mortífero espacio donde mis ojos no puedan verte ni mis manos alcanzarte. Temeré, lleno de pánico ese momento, porque acostumbré a mis dedos ponerse sobre tu cabello, y cuando ello me sea imposible, el cuerpo incluso se revelará en mi contra.
Sé que te irás sin despedirte demasiado; no se trata de un presagio, lo he visto en tu voz y lo he oído en tu mirada; hay algo en ti que me tiene advertido, que sopla a mis oídos lo que interpreto como una despedida dicha a medias, como una canción que termina en pleno estribillo.
El afecto que construí por ti resultó como las alas de Ícaro, quien tratando de huir de la isla de Creta voló demasiado alto, derritiendo el sol así su instrumento. No fui prudente, me elevé más de lo que debía, tanto que no soporté el ardor de tu desdén. Lancé rocas a un pozo de agua cuyo fondo desconozco.
Lo sé, más que tú misma, que te irás, y no haré nada para detenerte, más que evocarte en silencio; a oscuras, lento, y sobre el papel.
Sergio Barrera R.
Última edición: