dragon_ecu
Esporádico permanente
Mientras el sendero avanza, las cigarras invaden cada pausa para respirar, en tanto compiten estrellas y cocuyos contra las farolas.
Las sombras de manos tomadas proyectan anhelos ocultos en cada paso.
Las miradas queman hasta derretir la verguenza vestida de miedo...
Despierta una complicidad con urgencia, la necesidad de privacía, de excluir ajenos.
Tras los arbustos el calor se agolpa, como si fueran gruesas cortinas con brocados y encajes, silenciando y permitiento ligeros visos de cuerpos moviéndose.
Guarda la memoria el sonido del pulso en sus tobillos.
El camino ha pasado por lavarse con garúas, a vestirse con pétalos amarillos, para luego renovar su tono con las lluvias.
¿Cuántas veces el camino se vistió de oro desde aquella noche? Diez, doce veces, veinte quizás. Han pasado ya tantas estaciones.
Le escribo en el abanico, para recordar que me recuerde...
Las sombras de manos tomadas proyectan anhelos ocultos en cada paso.
Las miradas queman hasta derretir la verguenza vestida de miedo...
Despierta una complicidad con urgencia, la necesidad de privacía, de excluir ajenos.
Tras los arbustos el calor se agolpa, como si fueran gruesas cortinas con brocados y encajes, silenciando y permitiento ligeros visos de cuerpos moviéndose.
Guarda la memoria el sonido del pulso en sus tobillos.
El camino ha pasado por lavarse con garúas, a vestirse con pétalos amarillos, para luego renovar su tono con las lluvias.
¿Cuántas veces el camino se vistió de oro desde aquella noche? Diez, doce veces, veinte quizás. Han pasado ya tantas estaciones.
Le escribo en el abanico, para recordar que me recuerde...
en las cortinas
se acallan los gemidos
se unen las sombras
cruzemos el camino
tomados de la mano
se acallan los gemidos
se unen las sombras
cruzemos el camino
tomados de la mano
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