¡Señora!
Ya luce en su falda volantes corola
y marzo la mira con ojos de trigo,
deshoja los brotes, abriendo el postigo
de blusa que ciñe deseo areola.
Le silba el jilguero con trino de viola
probando la miel del ocaso en su ombligo,
de como la quiere ¡yo he sido testigo!
Anida de celo su bata de cola.
Corteja la alondra retamas y brezos
la aurora acaricia las hojas de un tallo.
Se duerme la luna de azules bostezos.
Al verte, Señora, relincha el caballo
que trota en el alba de blancos cerezos,
el sol enardece la cresta de un gallo.
Rafael Llamas Jiménez
¡Qué tal, Rafael! Vuelvo a citar el poema (y disculpa el fastidio, jajaja) porque ahora falta por resolver un pequeño detalle: el sexto verso («
probando la miel //
del ocaso en su ombligo»). Resulta que en todos los versos compuestos hay que aplicar una regla de compensación silábica entre hemistiquios. Ya sabes, aquella que dice que si el hemistiquio termina en palabra aguda hay que sumarle una sílaba métrica (+1); en el caso de que termine en esdrújula, restarle una sílaba (-1); y si es grave, dejarlo tal cual. El primer hemistiquio del verso de marras resulta hexasílabo (
probando la miel 5+1=6) y el segundo hemistiquio (
del ocaso en su ombligo) es claramente un heptasílabo. El verso resultante tiene entonces 13 sílabas métricas.
Pensando en las posibles alternativas para ese verso, me he encontrado con lo siguiente:
prueba,
liba,
bebe,
sorbe son verbos que podrían servir al contexto («
bebe del ocaso la miel en su ombligo»). El verso quedaría ajustado a la métrica, pero no al rígido patrón de ritmo dactílico (2ª.5ª) que has elegido para todos tus dodecasílabos. Ya se nos ocurrirá una solución, pero si me lo permites, quisiera aconsejarte lo siguiente: evolucionar sobre este tipo de ejercicios monorrítmicos.
El dodecasílabo, como el alejandrino, puede ser un verso muy flexible si lo deseas. Hay que darle movimiento, entender las teorías y los ejemplos, y tratar de no limitarse a un solo patrón rítmico. Mira, por ejemplo, este soneto dodecasílabo del poeta español Emilio Carrere:
MI MEJOR TROFEO
Príncipe de ensueños y de galanía,
llevo mi poesía igual que un airón
mientras caen los oros triunfales del día
sobre mis harapos de glorioso hampón.
El ambiente ignaro de bellaquería
me da un noble gesto de renunciación
y apreso en las redes de mi poesía
la divina música de mi corazón.
No cortejo al vulgo que da los laureles;
sobre el ditirambo pongo mis rondeles;
mi gloria es que un día que yo no he de ver,
mi mejor soneto, mi único tesoro,
cuando yo esté muerto, como un ave de oro
cante en unos frescos labios de mujer.
(E. CARRERE)