Gabi27
Poeta recién llegado
¿Hacerse el fuerte de qué nos sirve? ¿Nos sirve?
Nos ponemos una coraza para que no nos lastimen, nos volvemos duros (frente a los demás), ante cualquier amenaza nos mantenemos alertas, poniéndonos escudos como si tuviéramos francotiradores alrededor que en cualquier momento pueden disparar.
Estamos cansados, sin fuerzas para seguir (pero seguimos), estamos rotos (pero seguimos).
A veces queremos gritar hasta quedarnos sin voz, llorar hasta que duelan los ojos y no queden más lagrimas.
Mostrarnos al mundo como somos, vulnerables, sensibles... (solo las pocas personas que nos conocen saben como realmente somos por dentro)
Pero como bloqueador a todo dolor no nos permitimos derramar una lagrima más por nada.
¿Eso es ser fuerte? Ser fuerte también duele.
¿Qué ilógico no? Porque nos escudamos para evitar sufrir haciéndonos los duros y sufrimos mucho más, porque el pecho aprieta con fuerza dejándonos a veces apenas respirar, el corazón nos duele, lo podemos sentir endureciéndose, sin fuerzas, latiendo muy lento, poco a poco, y eso duele demasiado.
Duele hacerse el fuerte. Y sin embargo la realidad es tan diferente. Somos diferentes.
Dentro nuestro existe la nobleza más pura que pueda existir, somos débiles, demasiado frágiles que es muy fácil rompernos. Y solo sabemos querer. Querer desde lo más profundo del alma, y a veces eso también nos hace doler.
Sabemos perdonar, y hablo del perdón sin rencor, porque aunque nos lastimen mil veces perdonamos, siempre perdonamos. Y esperamos del otro lo que nosotros sabemos dar, y ahí nos equivocamos, porque no siempre recibimos lo que esperamos o damos.
Pero nos acostumbramos y así somos, esta en nuestra esencia. El "dar sin esperar recibir nada a cambio" es nuestro lema. Está en nosotros y no podemos cambiarlo.
Duele hacerse el fuerte. Duele ser el débil.
Pero ahí estamos, siendo y queriendo ser.
Sin darnos cuenta que queriendo ser, se sufre más. No podemos escapar de donde pertenecemos
Y a veces tenemos que entender que cada dolor nos enseña, que cada lagrima nos sana, nos alivia (hay que permitirse llorar de vez en cuando). Que escudándonos no evitamos el sufrimiento, lo prolongamos, tarde o temprano termina haciéndonos daño.
Y aprendemos que somos nosotros los que tenemos la elección de dejarnos lastimar.
Que hay dolores que no podemos evitar, dolores pasajeros y otros que duran más. Pero somos nosotros quienes tenemos el poder de dejar que nos lastimen, y somos nosotros quienes decidimos que puede hacernos mal.
Como así también somos nosotros los que decidimos convivir con el dolor o sanar la herida convirtiéndola en historia, y pasando de página.
Nos ponemos una coraza para que no nos lastimen, nos volvemos duros (frente a los demás), ante cualquier amenaza nos mantenemos alertas, poniéndonos escudos como si tuviéramos francotiradores alrededor que en cualquier momento pueden disparar.
Estamos cansados, sin fuerzas para seguir (pero seguimos), estamos rotos (pero seguimos).
A veces queremos gritar hasta quedarnos sin voz, llorar hasta que duelan los ojos y no queden más lagrimas.
Mostrarnos al mundo como somos, vulnerables, sensibles... (solo las pocas personas que nos conocen saben como realmente somos por dentro)
Pero como bloqueador a todo dolor no nos permitimos derramar una lagrima más por nada.
¿Eso es ser fuerte? Ser fuerte también duele.
¿Qué ilógico no? Porque nos escudamos para evitar sufrir haciéndonos los duros y sufrimos mucho más, porque el pecho aprieta con fuerza dejándonos a veces apenas respirar, el corazón nos duele, lo podemos sentir endureciéndose, sin fuerzas, latiendo muy lento, poco a poco, y eso duele demasiado.
Duele hacerse el fuerte. Y sin embargo la realidad es tan diferente. Somos diferentes.
Dentro nuestro existe la nobleza más pura que pueda existir, somos débiles, demasiado frágiles que es muy fácil rompernos. Y solo sabemos querer. Querer desde lo más profundo del alma, y a veces eso también nos hace doler.
Sabemos perdonar, y hablo del perdón sin rencor, porque aunque nos lastimen mil veces perdonamos, siempre perdonamos. Y esperamos del otro lo que nosotros sabemos dar, y ahí nos equivocamos, porque no siempre recibimos lo que esperamos o damos.
Pero nos acostumbramos y así somos, esta en nuestra esencia. El "dar sin esperar recibir nada a cambio" es nuestro lema. Está en nosotros y no podemos cambiarlo.
Duele hacerse el fuerte. Duele ser el débil.
Pero ahí estamos, siendo y queriendo ser.
Sin darnos cuenta que queriendo ser, se sufre más. No podemos escapar de donde pertenecemos
Y a veces tenemos que entender que cada dolor nos enseña, que cada lagrima nos sana, nos alivia (hay que permitirse llorar de vez en cuando). Que escudándonos no evitamos el sufrimiento, lo prolongamos, tarde o temprano termina haciéndonos daño.
Y aprendemos que somos nosotros los que tenemos la elección de dejarnos lastimar.
Que hay dolores que no podemos evitar, dolores pasajeros y otros que duran más. Pero somos nosotros quienes tenemos el poder de dejar que nos lastimen, y somos nosotros quienes decidimos que puede hacernos mal.
Como así también somos nosotros los que decidimos convivir con el dolor o sanar la herida convirtiéndola en historia, y pasando de página.