Alberto de la Morabia
Poeta recién llegado
Sangre de hombres atroces corre por mis venas,
Mi corazón lo sabe, mi seso lo presiente,
Si corazón y seso no me mienten,
Soy el último eslabón de esta cadena,
Que arrastra el ser humano en su condena.
Esa herencia malvada, delincuente,
Alimenta mi sangre en su torrente,
Con toda la maldad que mi alma llena.
¡No eres hijo de un dios, mono insolente!
Cuyo deseo rige, sin que se asombre,
El origen oscuro de tu raza macabra,
Mírate en este espejo y sé consciente,
De lo que significa el ser un hombre,
En toda la extensión de la palabra.
Mi corazón lo sabe, mi seso lo presiente,
Si corazón y seso no me mienten,
Soy el último eslabón de esta cadena,
Que arrastra el ser humano en su condena.
Esa herencia malvada, delincuente,
Alimenta mi sangre en su torrente,
Con toda la maldad que mi alma llena.
¡No eres hijo de un dios, mono insolente!
Cuyo deseo rige, sin que se asombre,
El origen oscuro de tu raza macabra,
Mírate en este espejo y sé consciente,
De lo que significa el ser un hombre,
En toda la extensión de la palabra.
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