Sanmar
Poeta recién llegado
Hubo un tiempo en el que dormíamos sobre la hierba,
despertábamos al salir el sol.
Tocábamos la vida con las manos
y la muerte nos desafiaba a seguir andando.
Con el cuerpo dolorido
y el alma llena,
caminábamos erguidos,
pisábamos la tierra.
Hubo un tiempo en el que la lluvia nos mojaba la cara,
que cazábamos para comer
y vestíamos para abrigarnos.
Respetábamos las reglas de la naturaleza
en nuestra lucha por la supervivencia.
Éramos nuestros propios dioses, inocentes o culpables
de lo que el destino nos deparase.
Ahora, que hemos construido paredes y techos para refugiarnos,
sólo sirven para escondernos y aislarnos.
Y ahora, que podemos llegar a todos lados,
es cuando nuestro corazón vive más apartado.
Algún día volveremos al campo...
A recuperar nuestras raíces
y a sembrar nueva vida...
Volveremos a ser humanos.
despertábamos al salir el sol.
Tocábamos la vida con las manos
y la muerte nos desafiaba a seguir andando.
Con el cuerpo dolorido
y el alma llena,
caminábamos erguidos,
pisábamos la tierra.
Hubo un tiempo en el que la lluvia nos mojaba la cara,
que cazábamos para comer
y vestíamos para abrigarnos.
Respetábamos las reglas de la naturaleza
en nuestra lucha por la supervivencia.
Éramos nuestros propios dioses, inocentes o culpables
de lo que el destino nos deparase.
Ahora, que hemos construido paredes y techos para refugiarnos,
sólo sirven para escondernos y aislarnos.
Y ahora, que podemos llegar a todos lados,
es cuando nuestro corazón vive más apartado.
Algún día volveremos al campo...
A recuperar nuestras raíces
y a sembrar nueva vida...
Volveremos a ser humanos.