pero que todos sepan que no he muerto;
que hay un establo de oro en mis labios;
que soy el pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.
F.García Lorca
que hay un establo de oro en mis labios;
que soy el pequeño amigo del viento Oeste;
que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.
F.García Lorca
Herida de noches le conforta el alba,
cuando el sol asoma por el horizonte
la luz de sus rayos es lo que le salva
y no habrá otra luna que ella no remonte.
Acude confiada, en la trampa cae,
lleva el cazador su propio martirio,
un loco deseo lo lleva y lo trae,
la creyó tigresa, absurdo delirio.
Buscó la gacela dulzura en sus manos
y en sus fríos ojos no vio la verdad,
se oyeron entonces tambores lejanos,
las voces cobardes de la iniquidad.
Y la misma muerte le tuvo ternura
en la amarga noche de su desventura.
En estos días en que las mentiras abanderan las plazas, en que cualquiera nos roba la confianza una y otra vez. He pasado el tiempo leyendo a Lorca, que pareció narrar su propia muerte, como si la presintiera desde siempre. Y la "Gacela de la muerte oscura" me ha sobrecogido, una vez más.
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