Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Sucede que la noche, a veces, se torna alevosa
y como un pie terrible
aplasta sueños y voluntades
y construye cárceles
con la materia de las sombras
torciendo bocas, quebrando voces
o cerrando párpados a la luz
del mundo, a sus colores;
pero sin duda se olvidó
de la fuerza de tus ojos,
de su chispa anunciando auroras
y nuevas brisas y amaneceres.
Y ocurre también que un día
la vida se desploma
como una noche sin luna
y un ejército de sombras
asedia la paz de los espejos
con la intención
de destruir la esperanza;
pero no pudo con el amor
de raíz profunda,
ese amor con ojos
de luz de mañana que,
como un verano extenso,
abarcaba todo tu entorno.
Y ahora que has vuelto
a amanecer, como el día, estrena
nuevo vestido y vuela
y vive y ama y crece
y descansa como el sol,
pues nada hay que temer
-quebrada la asfixiante muralla
que retenía el aire todo-
de las largas horas de la noche
porque de la mano de la brisa,
allí donde tus ojos y el amor habitan,
llega la aurora y amanece, siempre amanece.
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