Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

Preñado de luceros,
cubrió su cuerpo el mar de lentejuelas,
ardiendo en pebeteros
de ínfimas candelas
que embridan la mareta en mil estelas.
Se clavan como espuelas
de orientes amarillos en la algaida
y arriban sus teselas
en pos de la crecida
dejándome a los pies su mano hendida.
Y enlucen de mosaicos la estampida
que en nívea sal se viste y se desnuda
al tiempo que la voz callada muda
en canto de sirena de porvida.
Varada en el ancón, de amor transida,
intento desanclar con fe la duda
que al este me amanece y fuerte anuda
en piélagos de llanto su partida.
Quizás si yo pudiera ser gaviota
y no vacío nácar en la arena
que itera eternos ecos de derrota,
o el viento que barrió por fin la pena
del alma que se arrulla en triste nota
meciendo así su sombra nazarena,
tal vez la luna llena
aun huérfano su rostro de sonrojo
pues nueva se condena
a ser oscuro abrojo
que al sol a su camino echó el cerrojo.
Mas yo en verdad escojo
que en liras y soneto mi latido
destierre con arrojo
lo sordo de tu oído
gritándote que siempre te ha querido.
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:: mi reputación, que mereces siempre, siempre...