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Yo sí creo que hay un orden sintáctico preciso en la aparición de los elementos de cada una de las duodécimas que conforman este romance; y lo creo porque en la segunda estrofa, el noveno verso específicamente, presenta en estricto orden de aparición los elementos iniciales del texto de la estrofa («Ranas, juncos, gotas, charcos»). Lo mismo ocurre en la primera, solo que inviertes el orden de los elementos ─tal vez inconscientemente─ para no caer en la repetición, al final del verso, de dos vocablos: nubes y lunas.Para Ana (Cisne)
Siete cabras en el monte
corrían tras dos silencios,
no les bastaba ser nubes *
para beberse los vientos.
Siete luces de la luna
se apagaban en el cielo,
dos estrellas de la noche
las lloraban con el cierzo.
Cabras, montes, lunas, luces
comida son del hambriento,
en los cielos de las nubes *
no hay lugar para el invierno.
Siete ranas agotaban
de la laguna los sueños,
en un junco se mecían
los ladridos de dos perros.
Siete gotas del rocío
se bañaban con estrépito
en el charco con dos rosas
que les gritaban su celo.
Ranas, juncos, gotas, charcos
son palabras de mi verso,
que me sacuden, rebeldes,
bajo el humo del incienso.
Nota. Pongo acá este enorme premio que me han concedido por este poema:
HACE TIEMPO…
A Jorge Busch
Hace tiempo que el café bebe mi abandono
en esta ciudad de girasoles ausentes
y sauces emplumados.
Hace tiempo que el sol lleva los labios apretados
y el fango prendido a mis zapatos
intenta adherirme a su espalda.
Hace tiempo que ya no insisto
en seguir la huella de los que escribieron en el viento,
solo busco la esencia de la voz
en todas las plazas de mi alma.
Hace tiempo que dejo saltar las palabras
a los versos más inhóspitos y abandonados,
ellos se acicalan o se aíslan
nada importa, si tienen la esencia clara.
¿acaso escuchas el papel romperse?
son las letras que se escapan…
a veces se confunden con el polvo,
otras se encienden y apagan
pero hay otras,
son aquellas alevosas, disipadas,
aquellas que sueñan con utopías,
ellas suelen levantar el vuelo
y le ponen alas a la poesía.
Ana Cevallos Carrión
Loja, 06 de mayo del 2015.
Por supuesto, Jorge: todo tiene sentido ─¡faltaba más!─ Tampoco hay que tragarse un libro de retórica para entender que las nubes son las cabras, etc. Siendo el poema de quien lo lee, lo que destaco en él es que todos los elementos que conforman la historia están hábilmente metaforizados, humanizados, entrelazados... Desde el punto de vista creativo, me parece muy interesante ─y muy novedoso en tu poesía─ este enfoque que mantienes durante todo el romance, muy lorquiano además y que ha recibido, por ello, excelentes y muy merecidos comentarios.Estimado Elhi:
te regalo la primer duodécima en llana prosa:
Era una invernal noche de luna, con un doble manto de nubes. Nubes altas, grises, que parecían quietas semejando un monte, siete nubecillas bajas, blancas, que semejaban cabras corriendo con el viento norte hacia dos estrellas que se veían, una en cada hueco que dejaba el manto de nubes superior. ¡Qué profundo silencio el del cielo que se adivinaba entre las nubes! Las nubecillas al pasar bajo la luna oscurecieron todo... ¿Es el rocío el llanto de las estrellas?
Para el que es capaz de dejar vagar su fantasía viendo cabras en las nubes, no hay aburrimiento. Se alimenta de sus sueños y así evita la carestía del invierno.
abrazo
j
Estimado Elhi:
te regalo la primer duodécima en llana prosa:
Era una invernal noche de luna, con un doble manto de nubes. Nubes altas, grises, que parecían quietas semejando un monte, siete nubecillas bajas, blancas, que semejaban cabras corriendo con el viento norte hacia dos estrellas que se veían, una en cada hueco que dejaba el manto de nubes superior. ¡Qué profundo silencio el del cielo que se adivinaba entre las nubes! Las nubecillas al pasar bajo la luna oscurecieron todo... ¿Es el rocío el llanto de las estrellas?
Para el que es capaz de dejar vagar su fantasía viendo cabras en las nubes, no hay aburrimiento. Se alimenta de sus sueños y así evita la carestía del invierno.
abrazo
j
Te confieso, querida Isabel, que duende o no duende lo cierto es que este poema me ha dejado mareado. Hay varias cosas en él que me gustan, pero me resulta un poco ajeno: es raro. Y lo de las rosas gritando no termino de entenderlo. El recurso retórico del siete y el dos, su repetición, creo que explica bastante su música, eso comenta Ana también (el poema venía con un comentario). Ese párrafo que mencionas a mí me parece redondo, también: ¡cuántas cosas se encuentran en las nubes! Y si es en una noche de luna, peor.
La quiero mucho a Anita, fue una de mis primeras lectoras cuando empecé a publicar aquí hace casi cuatro años, y me alentó mucho. Luego fuimos amigos y pares, lo seguimos siendo felizmente. Su búsqueda en las arenas surreales es apasionada y permanente, con muchos hallazgos. Y sí, ese premio me conmovió.
abrazo
j
Te confieso, querida Isabel, que duende o no duende lo cierto es que este poema me ha dejado mareado. Hay varias cosas en él que me gustan, pero me resulta un poco ajeno: es raro. Y lo de las rosas gritando no termino de entenderlo. El recurso retórico del siete y el dos, su repetición, creo que explica bastante su música, eso comenta Ana también (el poema venía con un comentario). Ese párrafo que mencionas a mí me parece redondo, también: ¡cuántas cosas se encuentran en las nubes! Y si es en una noche de luna, peor.
La quiero mucho a Anita, fue una de mis primeras lectoras cuando empecé a publicar aquí hace casi cuatro años, y me alentó mucho. Luego fuimos amigos y pares, lo seguimos siendo felizmente. Su búsqueda en las arenas surreales es apasionada y permanente, con muchos hallazgos. Y sí, ese premio me conmovió.
abrazo
j
Divina y soberbia muestra de arte excelente, sobresaliente. La calidad está probada como la inspiración también. Saludos.Para Ana (Cisne)
Siete cabras en el monte
corrían tras dos silencios,
no les bastaba ser nubes
para beberse los vientos.
Siete luces de la luna
se apagaban en el cielo,
dos estrellas de la noche
las lloraban con el cierzo.
Cabras, montes, lunas, luces
comida son del hambriento,
en los cielos de las nubes
no hay lugar para el invierno.
Siete ranas agotaban
de la laguna los sueños,
en un junco se mecían
los ladridos de dos perros.
Siete gotas del rocío
se bañaban con estrépito
en el charco con dos rosas
que les gritaban su celo.
Ranas, juncos, gotas, charcos
son palabras de mi verso,
que me sacuden, rebeldes,
bajo el humo del incienso.
Nota. Pongo acá este enorme premio que me han concedido por este poema:
HACE TIEMPO…
A Jorge Busch
Hace tiempo que el café bebe mi abandono
en esta ciudad de girasoles ausentes
y sauces emplumados.
Hace tiempo que el sol lleva los labios apretados
y el fango prendido a mis zapatos
intenta adherirme a su espalda.
Hace tiempo que ya no insisto
en seguir la huella de los que escribieron en el viento,
solo busco la esencia de la voz
en todas las plazas de mi alma.
Hace tiempo que dejo saltar las palabras
a los versos más inhóspitos y abandonados,
ellos se acicalan o se aíslan
nada importa, si tienen la esencia clara.
¿acaso escuchas el papel romperse?
son las letras que se escapan…
a veces se confunden con el polvo,
otras se encienden y apagan
pero hay otras,
son aquellas alevosas, disipadas,
aquellas que sueñan con utopías,
ellas suelen levantar el vuelo
y le ponen alas a la poesía.
Ana Cevallos Carrión
Loja, 06 de mayo del 2015.
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