silveriddragon
Poeta adicto al portal
En el lugar donde no hay sentimientos reinan la codicia y la venganza en el árbol genealógico por cinco generaciones hasta que uno dice, ¡basta! Hasta aquí llegamos. --- Palabras de un chamán a su hijo
I
Todos aquí en el barrio sabemos de las escasas oportunidades. Nadie sale de aquí. Naciendo estás designado para ser parte del barrio y al barrio te debes por el resto de tus días.
Los mayores en su locura se hunden todos los días. En borracheras, ingiriendo alcohol.
Ebrios cometen toda serie de actos sin nombre. He sido testigo con mis propios ojos de horrores inimaginables.
Soy uno de ellos. No puedo salir de aquí, lo sé.
Desde muy pequeño fui consciente de los actos irrefrenables. Las injusticias, las palabras fuertes, los malos tratos.
Solo hay una escuela primaria y una secundaria contigua en el barrio. No hay acceso a otro tipo de educación. ¿Para qué más? Requieres solo de saber contar, leer y escribir para las profesiones que ahí existen.
Robo, secuestro, represión, drogas, etc.
Algunos trajeados a veces vienen aquí con fajos de billetes y buscan a los más avezados, los más locos para contratarlos. Otros vienen a comprar drogas. Y algunos se quedan para vivir entre nosotros.
Una vez platicaba con un ingeniero petrolero. Sabía mucho de lugares lejanos. Pero cuando caía en su vicio hablaba palabras que no comprendíamos. Nos reíamos de su forma de hablar.
Los hombres y las mujeres se llenan de hijos que engrosan las filas del crimen.
En este ambiente crecí, sin saber si mi destino era salir o no con vida.
II
Tenía diez años y realicé mi primer atraco.
Junto con mis primos subimos a un microbus en una calle sin paradas extra pues había un panteón de un lado y del otro la unidad habitacional de riquillos.
Le mostramos la pistola al chofer, dimos la arenga común "Por favor sin gritos señora, que ya sabe a que venimos"..
Hay una regla en el barrio. Si te topas con alguien más que es del barrio lo proteges aunque te caiga mal.
Esa vez en el microbús nos encontramos con un chavo bien asustado. Lo bajamos junto con nosotros con la pistola por delante y lo dejamos ir. De esa forma no quedábamos mal ante el resto de los asaltados.
Con dinero te sientes el rey del mundo.
Luego comencé a intentar hacer asaltos pequeños solo con una navaja. A veces conseguía una cartera repleta de billetes y otra solo unos tenis de buena marca o un reloj.
A los once me di el gusto de comprarme un licor de los fuertes. Me supo a gloria. Te hace sentir más valiente, más fuerte... Mis primos me decían que no era capaz de trepar una pared del callejón donde vivíamos. Les demostré que si podía y además les pegué por no creerlo.
Desde entonces me respetaron más.
Mis tíos era asaltabancos a veces y secuestradores otras tantas.
Me ponían a darles de comer a los que traían en camionetas grandes o a llenar al camioneta con pollos y perros cuando iban a tirarlos por ahí y no pagaban su rescate.
Eso si... Nunca faltabamos a las misas o festivales en nombre de algún santo. Podemos ser todo lo rateros y malapersonas que quieras. Ah pero Diosito es Diosito. La virgencita ni me la toques... porque te dejo tirado en el suelo con la cara marcada para toda tu vida.
Una tarde vinieron unas religiosas tratando de cambiarnos. Nos decían cosas como "Pobrecitos... sin ropa ¿cómo les ha de ir?"
Naaaaa... nada más por ser religiosas las aguantamos un tanto.
III
A los quince años me pasó algo que me marcaría toda la vida.
Estábamos mis primos y yo haciendo relajo, echando chanza en una esquina. Lejos de toda avenida o lugar por el que pasara la policía.
Era de noche. Mi primo más grande tenía 17 y le decían "el síndrome". Era el más canijo de todos. Se le ocurría cada cosa y nos formaba en fila para asignarnos tareas para el siguiente atraco. Estaba contándonos de como se había hechado al plato a una chavita.
Exacerbados por el relato corría y corría el alcohol.
Mi otro primo, más pequeño era "El Buk". Tenía 12 años pero pues... Es cuadradote y con mala cara. Parece de más edad.
Bueno el caso es que vino de quien sabe donde un chavo como de 20 años a echarnos bronca, pleito.
Le reclamaba no se que al Síndrome. Y después le entendimos.
- ¡Qué cabrón! Y todavía lo presumes pero hasta aquí llegaste... - Y nos sacó una pistola
No juegues!!!! Si nunca te han encañonado ... no sabes como se siente. Los intestinos se te hacen sopa y te mareas. Pero estábamos ebrios.
El Buk sacó su navaja y se le hechó encima. Fuerte le jaló el cuello tratando de quitarle la pistola. El chavo se giró para tirarlo.
El pobrecito de mi primo se peg+o con un tubo galvanizado que trae agua al barrio. Se desmayó.
Yo corrí a ver que le pasaba. Mientras el chavo encaró al Síndrome.
- Ahora si... hasta aquí llegaste... - clic
Se le encasquilló la pistola. La tiró.
El Síndrome aprovechó para echarsele encima a golpes. Comenzaron a gritar entre ellos.
- No juegues, si de por si ya ni virgen era...
- Mientes ... te vas a morir aquí mismo Síndrome, por esta que te vas a morir.
- Ay sí.. ay sí... ¿tú y cuántos más?
- Yo solito, ¿cómo ves?
- Podías con cualquiera.. ¿por qué Reynita?
No ma..... Sentí que me jalaron los cabellos. Reynita era la chavita más bonita pero más amable del barrio. Todos la respetábamos porque siempre ayudaba a lo que fuera. Además cuidaba a sus hermanos porque se había quedado huerfanita. Le tenía simpatía como la mayoría. Me dió coraje
Y ocurrió...
Tomé la pistola. Sin dudarlo.
Ni siquiera revisé si seguía encasquillada. Yo le apunté.
Pum!!!!
Un disparo.
Y mi primo el Síndrome..... quedó tirado en un charco de sangre.
(Continuará)
I
Todos aquí en el barrio sabemos de las escasas oportunidades. Nadie sale de aquí. Naciendo estás designado para ser parte del barrio y al barrio te debes por el resto de tus días.
Los mayores en su locura se hunden todos los días. En borracheras, ingiriendo alcohol.
Ebrios cometen toda serie de actos sin nombre. He sido testigo con mis propios ojos de horrores inimaginables.
Soy uno de ellos. No puedo salir de aquí, lo sé.
Desde muy pequeño fui consciente de los actos irrefrenables. Las injusticias, las palabras fuertes, los malos tratos.
Solo hay una escuela primaria y una secundaria contigua en el barrio. No hay acceso a otro tipo de educación. ¿Para qué más? Requieres solo de saber contar, leer y escribir para las profesiones que ahí existen.
Robo, secuestro, represión, drogas, etc.
Algunos trajeados a veces vienen aquí con fajos de billetes y buscan a los más avezados, los más locos para contratarlos. Otros vienen a comprar drogas. Y algunos se quedan para vivir entre nosotros.
Una vez platicaba con un ingeniero petrolero. Sabía mucho de lugares lejanos. Pero cuando caía en su vicio hablaba palabras que no comprendíamos. Nos reíamos de su forma de hablar.
Los hombres y las mujeres se llenan de hijos que engrosan las filas del crimen.
En este ambiente crecí, sin saber si mi destino era salir o no con vida.
II
Tenía diez años y realicé mi primer atraco.
Junto con mis primos subimos a un microbus en una calle sin paradas extra pues había un panteón de un lado y del otro la unidad habitacional de riquillos.
Le mostramos la pistola al chofer, dimos la arenga común "Por favor sin gritos señora, que ya sabe a que venimos"..
Hay una regla en el barrio. Si te topas con alguien más que es del barrio lo proteges aunque te caiga mal.
Esa vez en el microbús nos encontramos con un chavo bien asustado. Lo bajamos junto con nosotros con la pistola por delante y lo dejamos ir. De esa forma no quedábamos mal ante el resto de los asaltados.
Con dinero te sientes el rey del mundo.
Luego comencé a intentar hacer asaltos pequeños solo con una navaja. A veces conseguía una cartera repleta de billetes y otra solo unos tenis de buena marca o un reloj.
A los once me di el gusto de comprarme un licor de los fuertes. Me supo a gloria. Te hace sentir más valiente, más fuerte... Mis primos me decían que no era capaz de trepar una pared del callejón donde vivíamos. Les demostré que si podía y además les pegué por no creerlo.
Desde entonces me respetaron más.
Mis tíos era asaltabancos a veces y secuestradores otras tantas.
Me ponían a darles de comer a los que traían en camionetas grandes o a llenar al camioneta con pollos y perros cuando iban a tirarlos por ahí y no pagaban su rescate.
Eso si... Nunca faltabamos a las misas o festivales en nombre de algún santo. Podemos ser todo lo rateros y malapersonas que quieras. Ah pero Diosito es Diosito. La virgencita ni me la toques... porque te dejo tirado en el suelo con la cara marcada para toda tu vida.
Una tarde vinieron unas religiosas tratando de cambiarnos. Nos decían cosas como "Pobrecitos... sin ropa ¿cómo les ha de ir?"
Naaaaa... nada más por ser religiosas las aguantamos un tanto.
III
A los quince años me pasó algo que me marcaría toda la vida.
Estábamos mis primos y yo haciendo relajo, echando chanza en una esquina. Lejos de toda avenida o lugar por el que pasara la policía.
Era de noche. Mi primo más grande tenía 17 y le decían "el síndrome". Era el más canijo de todos. Se le ocurría cada cosa y nos formaba en fila para asignarnos tareas para el siguiente atraco. Estaba contándonos de como se había hechado al plato a una chavita.
Exacerbados por el relato corría y corría el alcohol.
Mi otro primo, más pequeño era "El Buk". Tenía 12 años pero pues... Es cuadradote y con mala cara. Parece de más edad.
Bueno el caso es que vino de quien sabe donde un chavo como de 20 años a echarnos bronca, pleito.
Le reclamaba no se que al Síndrome. Y después le entendimos.
- ¡Qué cabrón! Y todavía lo presumes pero hasta aquí llegaste... - Y nos sacó una pistola
No juegues!!!! Si nunca te han encañonado ... no sabes como se siente. Los intestinos se te hacen sopa y te mareas. Pero estábamos ebrios.
El Buk sacó su navaja y se le hechó encima. Fuerte le jaló el cuello tratando de quitarle la pistola. El chavo se giró para tirarlo.
El pobrecito de mi primo se peg+o con un tubo galvanizado que trae agua al barrio. Se desmayó.
Yo corrí a ver que le pasaba. Mientras el chavo encaró al Síndrome.
- Ahora si... hasta aquí llegaste... - clic
Se le encasquilló la pistola. La tiró.
El Síndrome aprovechó para echarsele encima a golpes. Comenzaron a gritar entre ellos.
- No juegues, si de por si ya ni virgen era...
- Mientes ... te vas a morir aquí mismo Síndrome, por esta que te vas a morir.
- Ay sí.. ay sí... ¿tú y cuántos más?
- Yo solito, ¿cómo ves?
- Podías con cualquiera.. ¿por qué Reynita?
No ma..... Sentí que me jalaron los cabellos. Reynita era la chavita más bonita pero más amable del barrio. Todos la respetábamos porque siempre ayudaba a lo que fuera. Además cuidaba a sus hermanos porque se había quedado huerfanita. Le tenía simpatía como la mayoría. Me dió coraje
Y ocurrió...
Tomé la pistola. Sin dudarlo.
Ni siquiera revisé si seguía encasquillada. Yo le apunté.
Pum!!!!
Un disparo.
Y mi primo el Síndrome..... quedó tirado en un charco de sangre.
(Continuará)
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