Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya no bajan las nervaduras del horizonte
su panoja vidriada
jaspeando el océano.
Se apaga tu chispa raída
de olvidos,
encendida en un apículo verso,
como una llamada derretida
en un flash
desfallece erguida, desangrada de raíz
despojada de su vena
y su eléctrico equilibrio.
Sublimados besos se exilian
en el cielo,
aquellos, tallados por la gubia
de mis labios,
humedecidos hasta ahogar
sus grietas,
hasta abrir el párpado del lecho
mezquino
mostrando sus piedras y naufragios
agostados.
Con la mirada fija en un pararrayos
masticando
el ansía de los rayos, el silencio de sala
el aroma
a gruta callada en piedras y moho.
Yo fui la veleta hechizada, seducida
en tu viento,
el temblor de tus ojos mareando
suspiros,
Hoy soy la brida ajustada, un eclipse
a lo lejos,
un nombre virulento que aceptó
su castigo.
culpable
por vestirte de amor ,
con ojos sin testigos
exiliándose
ciegos.
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