Meigo
Poeta Reconocido
Imagino, que los que no seáis de España no vais a entender muy bien el tema del poema. Por situar un poco, trata de la lucha de muchos trabajadores que fueron despedidos en contra de cualquier ley demócratica y humanitaria. Escribo sobre ello por que mi padre estuvo allí, reclamando lo que es suyo en pleno corazón de Madrid.
No puedo olvidar
las legañas que arrastraba
el amanecer sobre las torres Kio
y el olor a lucha
justamente al lado
del Santiago Bernabéu
(que irónico).
Por muy pequeño que yo fuera,
pude ver como Madrid
era una casa sin pan diario,
un grito alzado del suelo,
una mala vista de los rascacielos,
un recuento del calendario.
Los días pasaban con la
espalda doblada
y las estaciones
acuchillaban de frío
y hurgaban en la herida
con un calor a destiempo.
El corazón,
no aguantó
el ir y venir de funcionarios,
de falsas promesas
disfrazadas de democracia.
El corazón se rindió,
pero la mente seguía luchando.
Luchando
por no volver a casa
sin peso en los bolsillos.
Luchando
con dolor en la batalla
de su mente
contra el sístole de la impotencia,
maniatado en el eslabón
de los nuevos pobres,
sin frenos, cuesta abajo
y condenado
a contarle a su hijo
quienes son los reyes magos.
Se vieron en la calle,
pero mostrando
las cicatrices de guerra del estado.
las legañas que arrastraba
el amanecer sobre las torres Kio
y el olor a lucha
justamente al lado
del Santiago Bernabéu
(que irónico).
Por muy pequeño que yo fuera,
pude ver como Madrid
era una casa sin pan diario,
un grito alzado del suelo,
una mala vista de los rascacielos,
un recuento del calendario.
Los días pasaban con la
espalda doblada
y las estaciones
acuchillaban de frío
y hurgaban en la herida
con un calor a destiempo.
El corazón,
no aguantó
el ir y venir de funcionarios,
de falsas promesas
disfrazadas de democracia.
El corazón se rindió,
pero la mente seguía luchando.
Luchando
por no volver a casa
sin peso en los bolsillos.
Luchando
con dolor en la batalla
de su mente
contra el sístole de la impotencia,
maniatado en el eslabón
de los nuevos pobres,
sin frenos, cuesta abajo
y condenado
a contarle a su hijo
quienes son los reyes magos.
Se vieron en la calle,
pero mostrando
las cicatrices de guerra del estado.