E
eunice salvaje
Invitado
Un beso nunca fue algo puro,
ni un silencio,
ni un encuentro en la sala austral;
me embargaba siempre el sentimiento de suciedad.
Nada más puro que el beso de un niño
pero a mí siempre me besaron con cierta lascividad,
los besos y el tacto ajeno,
las respiraciones encontradas,
escritas ya de por sí en nuestra sangre
como una maldición mortal,
condenándonos al eterno deseo sin final.
Sin contemplaciones había que hacerse duro
y seco y marginal,
a lo más que pudieras enterrarlo,
más y más, en el hueco que tu alma dejó,
como una variación del sentimiento enfermo transgeneracional.
Eunice Salvaje.
ni un silencio,
ni un encuentro en la sala austral;
me embargaba siempre el sentimiento de suciedad.
Nada más puro que el beso de un niño
pero a mí siempre me besaron con cierta lascividad,
los besos y el tacto ajeno,
las respiraciones encontradas,
escritas ya de por sí en nuestra sangre
como una maldición mortal,
condenándonos al eterno deseo sin final.
Sin contemplaciones había que hacerse duro
y seco y marginal,
a lo más que pudieras enterrarlo,
más y más, en el hueco que tu alma dejó,
como una variación del sentimiento enfermo transgeneracional.
Eunice Salvaje.
Última edición por un moderador: