Sobre el incesto.

E

eunice salvaje

Invitado
Un beso nunca fue algo puro,

ni un silencio,
ni un encuentro en la sala austral;

me embargaba siempre el sentimiento de suciedad.

Nada más puro que el beso de un niño

pero a mí siempre me besaron con cierta lascividad,

los besos y el tacto ajeno,
las respiraciones encontradas,

escritas ya de por sí en nuestra sangre

como una maldición mortal,

condenándonos al eterno deseo sin final.

Sin contemplaciones había que hacerse duro

y seco y marginal,
a lo más que pudieras enterrarlo,

más y más, en el hueco que tu alma dejó,

como una variación del sentimiento enfermo transgeneracional.


Eunice Salvaje.
 
Última edición por un moderador:
Un beso nunca fue algo puro,

ni un silencio, ni un encuentro en la sala austral;

me embargaba siempre el sentimiento de suciedad.

Nada más puro que el beso de un niño

pero a mí siempre me besaron con cierta lascividad,

los besos y el tacto ajeno, las respiraciones encontradas,

escritas ya de por sí en nuestra sangre

como una maldición mortal,

condenándonos al eterno deseo sin final.

Sin contemplaciones había que hacerse duro

y seco y marginal, a lo más que pudieras enterrarlo,

más y más, en el hueco que tu alma dejó,

como una variación del sentimiento enfermo transgeneracional.


Eunice Salvaje.

Es un mundo duro, con durezas diferentes según la suerte de esto y de aquello. Ya ni siquiera creo en elibre albedrío. Un religioso brasileño, Frei Betto, dice que nacemos con pecado original: el egoísmo. Luego nos dicen por ahí -y aprendemos o no- que es malo. Puede que ningún beso sea limpio, como la piel, o el piso, por más que nos esforcemos... Solo hacemos, al menos a veces, lo mejor que podemos en un universo espurio por fuera y por dentro.

Hiciste un poema hermoso y profundo. Un saludo para ti, lo menos lascivo que yo pueda.
 

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