BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo escribo y no sé para qué
me asedian como a todos cruces
por el camino y naves quemadas
al amanecer. No sé escribir, eso
bien lo sé, aunque no me desanimo.
Todavía conservo en la cartera,
tus besos, tus ladinos besos de meretriz.
Y pensar que un día llenaron de luz
mi mundo, qué vergüenza me da ahora
suponer! Yo, si escribo, es para nacer,
siempre renacer. Me gusta hacer caminos
y trochas y senderos al alba, justo cuando
los álamos y los chopos, trituran con su espuma
blanca, los pulmones de los alérgicos y de los
indigentes. Me gustan los paisajes inmóviles,
tus dedos bajo mis pies. Me gusta pensar
que todo, todavía puede ser.
Mientras veo muertes, vidas naciendo,
mientras veo incansable la existencia mudar,
de esencia, multiplicarse, me da por preguntarme
qué o quién seré yo, ya que, humano, por lo visto
he de ser. Que sobre mí y sobre lo que me corresponde
y me toca, lo desconozca todo, o casi todo, no es de extrañar,
ni los místicos ni los poetas sublimes, han conseguido
desentrañar los misterios de esta vida y del más acá.
Los místicos se entregaron a un más allá lejano e inaprensible.
Mientras, los poetas se enfangaron en la tierra y le pusieron
nombre a casi todo.
Somos piedras en el camino, que algún dios se encontrará.
©
me asedian como a todos cruces
por el camino y naves quemadas
al amanecer. No sé escribir, eso
bien lo sé, aunque no me desanimo.
Todavía conservo en la cartera,
tus besos, tus ladinos besos de meretriz.
Y pensar que un día llenaron de luz
mi mundo, qué vergüenza me da ahora
suponer! Yo, si escribo, es para nacer,
siempre renacer. Me gusta hacer caminos
y trochas y senderos al alba, justo cuando
los álamos y los chopos, trituran con su espuma
blanca, los pulmones de los alérgicos y de los
indigentes. Me gustan los paisajes inmóviles,
tus dedos bajo mis pies. Me gusta pensar
que todo, todavía puede ser.
Mientras veo muertes, vidas naciendo,
mientras veo incansable la existencia mudar,
de esencia, multiplicarse, me da por preguntarme
qué o quién seré yo, ya que, humano, por lo visto
he de ser. Que sobre mí y sobre lo que me corresponde
y me toca, lo desconozca todo, o casi todo, no es de extrañar,
ni los místicos ni los poetas sublimes, han conseguido
desentrañar los misterios de esta vida y del más acá.
Los místicos se entregaron a un más allá lejano e inaprensible.
Mientras, los poetas se enfangaron en la tierra y le pusieron
nombre a casi todo.
Somos piedras en el camino, que algún dios se encontrará.
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