Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre un arco iris dibujado
en las rejas de un balcón en blanco,
una niña sostiene a un niño en brazos
y mira por encima de unas nubes
el vuelo de unas aves migratorias.
Llegó la primavera, al fin ha llegado,
quizás sólo los pájaros se hayan percatado
en sus nuevos nidos, un año más
recuperados del silencio;
también el hielo vuelve a poner
labios nuevos sobre la piedra húmeda
y se desliza por ella, como en un tobogán
de caricias ocultas, las que aún no vemos.
De igual manera,
los puños, al final de unos brazos
rodeados de cintas, como si fuesen regalos,
abren sus tesoros al aire
y muestran cada uno de los dedos,
con la delicadeza de unas alas abiertas
de una crisálida que viene a ser insecto,
durante un tiempo limitado
pero enormemente pleno.
Me querrás decir que esa niña
no tiene todo eso en la mirada,
por encima de las nubes,
sobre un arco iris,
en el vuelo de unas aves migratorias.
en las rejas de un balcón en blanco,
una niña sostiene a un niño en brazos
y mira por encima de unas nubes
el vuelo de unas aves migratorias.
Llegó la primavera, al fin ha llegado,
quizás sólo los pájaros se hayan percatado
en sus nuevos nidos, un año más
recuperados del silencio;
también el hielo vuelve a poner
labios nuevos sobre la piedra húmeda
y se desliza por ella, como en un tobogán
de caricias ocultas, las que aún no vemos.
De igual manera,
los puños, al final de unos brazos
rodeados de cintas, como si fuesen regalos,
abren sus tesoros al aire
y muestran cada uno de los dedos,
con la delicadeza de unas alas abiertas
de una crisálida que viene a ser insecto,
durante un tiempo limitado
pero enormemente pleno.
Me querrás decir que esa niña
no tiene todo eso en la mirada,
por encima de las nubes,
sobre un arco iris,
en el vuelo de unas aves migratorias.