El poeta
Vuelvo a la intimidad de mis rincones
y a la pausa discreta de la ausencia,
a la serena paz de mi conciencia
y a mi ajado escritorio sin cajones.
Vuelvo a la intimidad de mil pasiones
que preñan a estas rimas con cadencia,
vuelvo para escribir en la creencia
que estos versos serán mis oraciones.
¡Cuántas veces confundo mi lamento!
No tendré el acomodo necesario
para encender en luz mi poesía.
Y en el papel de un folio amarillento
duerme un borrón de tinta, presidiario,
esperando un soneto cada día…
Mi otro yo:
…Momentos solitarios de sosiego
que te encienden la llama del pabilo
y en el alma también un tenue fuego
que se agranda en las piedras y el sigilo.
Es tu llama, poeta, que en el viento
no se apaga por ser del sentimiento.
Si el papel amarillo se ha quedado
esperando a tu pecho que se abra,
pon, entonces, en negro tu palabra
para verlo, de pronto, blanqueado…
El poeta:
Esa voz en el alma, la bendigo,
pues inicia el soneto y lo retoma,
y alza el vuelo al igual que esa paloma
perdida entre los cielos que persigo.
Lleva en el pico un grano de ese trigo
áureo y repleto, donde allí se asoma
la esperanza fecunda y el aroma
que desprende el afecto del amigo.
Persiste la nostalgia aquí conmigo,
bajo este cielo gris que se desploma
dejando el soliloquio de testigo;
y comprobar tras este punto y coma
mi loco disparate, que maldigo,
y en tanta soledad mi triste axioma.
José Soriano Simón
Febrero 2025