• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Solo para Elisa "La Molinera"

Halcon 0

Poeta que considera el portal su segunda casa

Screenshot_20180606-094009~2.png


El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo.

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó con su esposo
en los molinos
que existían
por aquellas tierras.


Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero
pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra.

Día tras día lluvias
y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.

Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos
de frios inviernos.

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos
por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando sangre,
sudor y esfuerzo.

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.


Rezando la letanía del rosario

en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó su sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.

Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en una tumba
del viejo cementerio del pueblo,
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aún eran pequeños,


y de seguro que los dos
estaran en los cielos,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día,
en que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón
que nunca olvida su linaje



 

Archivos adjuntos

  • Screenshot_20180606-094009~2.png
    Screenshot_20180606-094009~2.png
    1,7 MB · Visitas: 676
Última edición:
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento nació
este poema,
que de seguro lo leera
desde el cielo

......
Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó en los molinos
que existían por aquellas tierras

Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para trabajar
las tierras

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener suerte con las cosechas y los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los inviernos fríos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío los resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó el sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aun eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su celo y su respeto.
Y agarrados de la mano
nos esperan cuando nos llegue el día que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón que nunca olvida



Bellísimo recordatorio para una gran mujer. Fueron tiempos difíciles y aun así, salían adelante, con lucha y esfuerzo. De seguro que estará orgullosisima del legado que dejo aquí. Mis más sinceras felicitaciones por tan merecido y bello recuerdo.
Saludos
 
Última edición:
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento nació
este poema,
que de seguro lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó en los molinos
que existían por aquellas tierras

Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó el sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aun eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón que nunca olvida



Muy bello y emotivo poema y es que las abuelas y abuelos son maravillosos, a mí hace ya mucho tiempo que no me queda ninguno vivo pero los recuerdo creo en el mismo plano sentimental que el tuyo amigo Halcón, me ha gustado este poema homenaje a tu abuela la molinera que en ti ahora vive. Un abrazo. Paco.
 
Bellísimo recordatorio para una gran mujer. Fueron tiempos difíciles y aun así, salían adelante, con lucha y esfuerzo. De seguro que estará orgullosisima del legado que dejo aquí. Mis más sinceras felicitaciones por tan merecido y bello recuerdo.
Saludos

Gracias por tu siempre grata presencia en mis versos y por seguir fiel a mí humilde obra con tus generosos comentarios. Siempre será un verdadero placer poder contar con tu compañía en mi obra.
Un fuerte abrazo desde los cielos enamorados de un halcón.
 
Muy bello y emotivo poema y es que las abuelas y abuelos son maravillosos, a mí hace ya mucho tiempo que no me queda ninguno vivo pero los recuerdo creo en el mismo plano sentimental que el tuyo amigo Halcón, me ha gustado este poema homenaje a tu abuela la molinera que en ti ahora vive. Un abrazo. Paco.

Gracias amigo Paco, de los abuelos siempre quedan gratos recuerdos porque coinciden con la niñez.
Un placer tenerte en mis versos.
Un abrazo.
 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó en los molinos
que existían por aquellas tierras

Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó el sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aun eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón que nunca olvida



 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó en los molinos
que existían por aquellas tierras

Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó el sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aun eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón que nunca olvida



 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó en los molinos
que existían por aquellas tierras

Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó el sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aun eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón que nunca olvida



 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó en los molinos
que existían por aquellas tierras

Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó el sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aun eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón que nunca olvida



 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó con su esposo
en los molinos
que existían
por aquellas tierras


Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero
pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos
y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos
por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó su sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo,
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aún eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día,
en que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón
que nunca olvida su linaje



 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó con su esposo
en los molinos
que existían
por aquellas tierras


Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero
pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos
y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos
por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó su sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo,
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aún eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día,
en que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón
que nunca olvida su linaje



Es un poema sensible, es historia, es vivencia, memoria viva y representación de tantas personas que han salido adelante incluso en circunstancias tan duras y tristes.
Es un homenaje que sale del corazón y por eso lo devuelvo al presente, amigo.
Un fuerte abrazo.
 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó con su esposo
en los molinos
que existían
por aquellas tierras


Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero
pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos
y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos
por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó su sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo,
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aún eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día,
en que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón
que nunca olvida su linaje



Una historia de lujo, que a mi entender conlleva a la reflexión sobre la mujer, símbolo de grandeza en la humanidad.
Por suerte:

La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos. Albert Einstein

Saludos
 
Última edición:
Es un poema sensible, es historia, es vivencia, memoria viva y representación de tantas personas que han salido adelante incluso en circunstancias tan duras y tristes.
Es un homenaje que sale del corazón y por eso lo devuelvo al presente, amigo.
Un fuerte abrazo.

Gracias por seguir rescatando mis poemas amiga Cecy. Ya no sé cómo agradecer tu fidelidad. Para mí siempre será un verdadero deleite sentirte cerca de mis letras querida amiga
Un fuerte abrazo siempre desde mis cielos.

 
Una historia de lujo, que a mi entender conlleva a la reflexión sobre la mujer, símbolo de grandeza en la humanidad.
Por suerte:

La mujer, está donde le corresponde. Millones de años de evolución no se han equivocado, pues la naturaleza tiene la capacidad de corregir sus propios defectos. Albert Einstein

Saludos

Agradecido por detenerte en ese poema que escribí en homenaje a mi abuela paterna con la que convivi en mis años de infancia y de la que guardo un grato recuerdo.
Un honor tener su buen comentario en mis letras amigo Alde.
Un fuerte abrazo desde los cielos poeticos de este halcon.

 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó con su esposo
en los molinos
que existían
por aquellas tierras


Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero
pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos
y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos
por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó su sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo,
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aún eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día,
en que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón
que nunca olvida su linaje



Un magnífico homenaje le das a tu abuela. Poema escrito a la manera de un cuento para cautivar el lector aunque no lo es en el fondo. Trasmite una emoción de admiración frente a esa mujer tan valiente que da su vida para sus hijos. Describes muy bien, con palabras muy bien elegidas una epoca. Enhorabuena poeta mi admiración y mi amistad poética Amarilys
 
me gustó mucho el homenaje a todas las mujeres que, como Elisa, han sido pilares de sus familias y comunidades, luchando con dignidad a pesar de las adversidades de la vida. Gran reflexión sobre el amor, el sacrificio y la memoria que nos une a través del tiempo.:)
 
Un magnífico homenaje le das a tu abuela. Poema escrito a la manera de un cuento para cautivar el lector aunque no lo es en el fondo. Trasmite una emoción de admiración frente a esa mujer tan valiente que da su vida para sus hijos. Describes muy bien, con palabras muy bien elegidas una epoca. Enhorabuena poeta mi admiración y mi amistad poética Amarilys

Agradecido por estar una vez más presente en mis humildes versos amiga Marie.
Es un poema que le escribí como homenaje porque fue una de las personas más importantes de mi niñez. Marco mi forma de ser y contribuyó a hacerme mejor persona.
Para mi siempre ha sido un placer tener su huella en mis letras querida amiga.
Siempre un fuerte abrazo desde los poeticos cielos de este halcon.

 
me gustó mucho el homenaje a todas las mujeres que, como Elisa, han sido pilares de sus familias y comunidades, luchando con dignidad a pesar de las adversidades de la vida. Gran reflexión sobre el amor, el sacrificio y la memoria que nos une a través del tiempo.:)


Gracias por tus reiteradas visitas poeta.
Siempre un fuerte abrazo.

 
Ver el archivos adjunto 46989

El otro día...
en la taberna del pueblo,

después de haber estado
de coloquio con un labriego,
se despidió de mí, diciéndome,
"Ve con Dios molinero"

Nunca en mi vida
me habían llamado así,
me recordó a mi abuela paterna
y todo
lo que con ella viví,
todo lo que a ella le debo
siendo su más bonito anhelo,
y en ese momento
nació
este poema,
que de seguro
lo leera
desde el cielo

......

Eran los años de la posguerra,
tiempos de angustia,
hambre, trabajo y miserias.
En un pequeño pueblo castellano,
vivía Elisa "La Molinera"
así la llamaban
porque trabajó con su esposo
en los molinos
que existían
por aquellas tierras


Se casó joven,
su marido y sus cuatro hijos
varones eran su vida entera.
Más el destino quiso
que su compañero
pronto
se fuera,
una cruel enfermedad,
se lo arrebató
en los albores de la posguerra,
quedando sola
con cuatro bocas que alimentar,
y pocas manos para labrar
la tierra

Día tras día lluvias y vientos soportando,
laborando sus campos yertos
y a Dios clamando,
para tener una buena cosecha
y suerte con los sembrados.
Trabajos de campesino,
recogidas de las espigas
de las cebadas y de los trigos,
para luego trillar en las eras
aquellas mieses que sería
el sustento de personas
y animales
durante los largos
y frios inviernos

Y aquella mujer campesina,
siempre vestida de luto,
de blancos cabellos
cubiertos
por un negro pañuelo
y de rostro enjuto,
salió adelante
derramando esfuerzo,
sudor y sangre

Se me amontonan
de mi niñez
sus recuerdos,
sentada en su taburete
al sol de media tarde,
zurciendo calcetines
o tejiendo chaquetas de punto
que del frío nos resguarde.

Rezando la letanía del rosario
en la iglesia del pueblo,
siempre en el mismo reclinatorio,
de terciopelo rojo raido
y barnizado descolorido
con chinchetas a los lados

Su huerto era su vida
y en él dejó su sudor,
para alimentar
a sus cuatro hijos,
que eran todo su amor.
Siempre luchando
por su familia
hasta que Dios la llamo ante él
demasiado pronto,
aún no había llegado
a los setenta años

Y hoy yace en la tumba
del viejo cementerio del pueblo,
al lado de aquel que se fue,
cuando sus hijos
aún eran pequeños,
y de seguro que están
los dos en el cielo,
porque así se lo ganaron
con su respeto y su celo.
Y agarrados de la mano
nos esperan
cuando nos llegue el día,
en que nosotros allí
con ellos nos encontremos



.....de un halcón
que nunca olvida su linaje



Crónica de unos tiempos duros en los que las mujeres fueron el cuerpo y alma del sustento.
Siempre se agradecen los poemas que nos arraigan, que nos devuelven a las raíces de donde vinimos.
Me atrajo el título y no me defraudó. Mi abuela y mi hermana pequeña (que ya pasó los cincuenta) se llaman Elisa... coincidencias.
Un saludote, Halcón, desde esta vieja casa llena de recuerdos.
 
Crónica de unos tiempos duros en los que las mujeres fueron el cuerpo y alma del sustento.
Siempre se agradecen los poemas que nos arraigan, que nos devuelven a las raíces de donde vinimos.
Me atrajo el título y no me defraudó. Mi abuela y mi hermana pequeña (que ya pasó los cincuenta) se llaman Elisa... coincidencias.
Un saludote, Halcón, desde esta vieja casa llena de recuerdos.

Me alegra saber que no soy el único que siente nostalgia de aquellos días felices de juventud en que los abuelos representaban una de las figuras más importantes de nuestra niñez.
Agradezco mucho que te hallas detenido en mis humildes versos amigo Alonso dejando tu huella en ellos.
Un placer siempre hallarte paseando entre ellos.
Siempre un fuerte abrazo desde los nostálgicos cielos de este halcon.

 
Ayuda Usuarios

You haven't joined any salas.

You haven't joined any salas.
Atrás
Arriba