abcd
Poeta adicto al portal
Vos,
cráter de luz,
edificio de piel.
Tu orgánica vestimenta
que no es de agua ni es de piedra,
que es más simple que un insecto
y más tierna,
y más corruptible
que la fiebre,
que las horas en la cama y sin sueños.
Los secretos que guardas
son ríos de erótica esperanza.
Los hombros encogidos,
tímidos, ilícito ramaje de tus cabellos dormidos,
los senos de reloj y sus horas del sol para la luna.
El viento, la melodía que acompaña tus caderas.
Todo es precioso en vos.
Se oyen abejas alimentando tu ombligo,
ya huele a azúcar el templo de tu blando vientre,
y ahí, el sexo, el nexo oscuro de las piernas
despierta,
y es una mañana tan clara
que me tiritan los dedos,
que el alma se me sale si no callo el deseo.
Hasta las comisuras brotan placer,
hay nieve en tu espalda
y en la caída de tus huesos en espiral
increíble lujuria acecha.
Támesis de seda en fuego.
Quiero hervir flores en los ojos,
tomar de tus poros el abrigo del vello puro
y saborear esa humana belleza
que vuelve estrellas a mis miedos
y forma un tornasol de anatomía divina.
Entonces exhalo poesía, y me muevo dentro
del holograma que es un camino rojo
por tus labios,
como un anatema de pasión
y de dulce, muy dulce atracción.
cráter de luz,
edificio de piel.
Tu orgánica vestimenta
que no es de agua ni es de piedra,
que es más simple que un insecto
y más tierna,
y más corruptible
que la fiebre,
que las horas en la cama y sin sueños.
Los secretos que guardas
son ríos de erótica esperanza.
Los hombros encogidos,
tímidos, ilícito ramaje de tus cabellos dormidos,
los senos de reloj y sus horas del sol para la luna.
El viento, la melodía que acompaña tus caderas.
Todo es precioso en vos.
Se oyen abejas alimentando tu ombligo,
ya huele a azúcar el templo de tu blando vientre,
y ahí, el sexo, el nexo oscuro de las piernas
despierta,
y es una mañana tan clara
que me tiritan los dedos,
que el alma se me sale si no callo el deseo.
Hasta las comisuras brotan placer,
hay nieve en tu espalda
y en la caída de tus huesos en espiral
increíble lujuria acecha.
Támesis de seda en fuego.
Quiero hervir flores en los ojos,
tomar de tus poros el abrigo del vello puro
y saborear esa humana belleza
que vuelve estrellas a mis miedos
y forma un tornasol de anatomía divina.
Entonces exhalo poesía, y me muevo dentro
del holograma que es un camino rojo
por tus labios,
como un anatema de pasión
y de dulce, muy dulce atracción.
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