Somos

Évano

Libre, sin dioses.
La soledad de la mano
cuando los dedos rebuscan
calderilla en los bolsillos.
Un tintineo que lidia
con las pupilas brillantes
de la otra mano que extiende
la pobreza al que pasea
su perro por las aceras,
del que sale de la tienda,
de alguna tienda qué más da.

¡Qué futuro nos espera
si solo somos dos manos,
manos que no se dan?

Soledad, soledad.
 
Última edición:
esas manos que quedan atrapadas en los bolsillos de los egoístas, cuando es tan fácil extenderlas para dar un abrazo, para hacer una caricia a los que tenemos al lado y a quiénes nos rodea, incluso, para escribir poemas y acercarse a quién queremos, o los que sabemos nos necesitan incluso a través de la distancia... Sorry, Poeta!!! por la extensión de mi comentario.
Saludos.
 

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