Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo solía mirarlo de reojo
era un tipo sin fuste y poco cuajo,
y decir que era raro es agasajo;
nunca fue de las féminas, antojo.
Ya, con verle salir daba sonrojo;
un engaño visual, un espantajo
pues, aunque presumido, era un cascajo;
era todo ficticio, un trampantojo.
Era un viejo galán, un tanto añejo
que en su mejor edad poco sedujo,
un carcamal metido en su pellejo
con achaques, olor y mal reflujo;
autentica versión de un falso pijo,
un pastiche sin clase, un revoltijo.
era un tipo sin fuste y poco cuajo,
y decir que era raro es agasajo;
nunca fue de las féminas, antojo.
Ya, con verle salir daba sonrojo;
un engaño visual, un espantajo
pues, aunque presumido, era un cascajo;
era todo ficticio, un trampantojo.
Era un viejo galán, un tanto añejo
que en su mejor edad poco sedujo,
un carcamal metido en su pellejo
con achaques, olor y mal reflujo;
autentica versión de un falso pijo,
un pastiche sin clase, un revoltijo.