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I
Llegaste a mis manos cálida mujer
con tu hermosa túnica color de luto,
con ese silencio callado y enjuto
con un universo vestido de ayer.
llegaste del cierzo con paso cansino,
llegaste abrigando esperanzas perdidas,
masticando noches, suturando heridas,
batallas ganadas al fiero destino.
Con pasos llegaste de dulce gorrión
en bosques umbrosos, vestidos de frío,
en lagos azules soñados de encanto,
con notas llegaste de alguna canción.
Floreciste como fruta del estío
o una flor de loto por sobre el espanto.
II
De mañana te vi, con aurora eterna,
en un desgranar de gráciles reflejos,
en un universo vestido de espejos,
en la soledad de una triste caverna.
Te encontré pintada una tarde de enero
en las cicatrices de una infancia triste
cuando un soplo de ábrego ya te desviste
y mi esencia muere de tanto que espero.
Me vestí de piel y colina callada,
de tus pasos vine capturando un sueño,
de tus ojos al aliento suspirante,
de niña, tu aroma de mujer amada,
aroma de besos, anhelo pequeño
que rueda de piel, dedos y amor amante.
III
Te encontré encerrada, tras castillo fiero,
te encontré dudando con tu interno fuero.
Te encontré entonando de la gaita un cielo,
te encontré enredada, deshojando un velo.
Tejiendo de sol tus cabellos al viento,
de perfumes brotas como el pensamiento
y no reconoces esencias dormidas,
y no reconoces tu vida en mis vidas.
Estreché tu cuerpo para abrir tus puertas,
arañé tu pecho cansado y desierto,
y mis besos fueron en tus ansias muertas
y quemé mis ganas en un sueño incierto
y mi alma lloró con suavidad cautiva
para tiritar sobre tu llaga viva.
I
Llegaste a mis manos cálida mujer
con tu hermosa túnica color de luto,
con ese silencio callado y enjuto
con un universo vestido de ayer.
llegaste del cierzo con paso cansino,
llegaste abrigando esperanzas perdidas,
masticando noches, suturando heridas,
batallas ganadas al fiero destino.
Con pasos llegaste de dulce gorrión
en bosques umbrosos, vestidos de frío,
en lagos azules soñados de encanto,
con notas llegaste de alguna canción.
Floreciste como fruta del estío
o una flor de loto por sobre el espanto.
II
De mañana te vi, con aurora eterna,
en un desgranar de gráciles reflejos,
en un universo vestido de espejos,
en la soledad de una triste caverna.
Te encontré pintada una tarde de enero
en las cicatrices de una infancia triste
cuando un soplo de ábrego ya te desviste
y mi esencia muere de tanto que espero.
Me vestí de piel y colina callada,
de tus pasos vine capturando un sueño,
de tus ojos al aliento suspirante,
de niña, tu aroma de mujer amada,
aroma de besos, anhelo pequeño
que rueda de piel, dedos y amor amante.
III
Te encontré encerrada, tras castillo fiero,
te encontré dudando con tu interno fuero.
Te encontré entonando de la gaita un cielo,
te encontré enredada, deshojando un velo.
Tejiendo de sol tus cabellos al viento,
de perfumes brotas como el pensamiento
y no reconoces esencias dormidas,
y no reconoces tu vida en mis vidas.
Estreché tu cuerpo para abrir tus puertas,
arañé tu pecho cansado y desierto,
y mis besos fueron en tus ansias muertas
y quemé mis ganas en un sueño incierto
y mi alma lloró con suavidad cautiva
para tiritar sobre tu llaga viva.
Me imagino que se puede arreglar
I
Llegaste a mis manos cálida mujer
con tu hermosa túnica de color de luto,
con ese silencio traspasado, enjuto
con un universo vestido de ayer.
llegaste del cierzo con paso cansino,
llegaste abrigando colinas perdidas,
masticando noches, suturando heridas,
batallas ganadas al fiero destino.
con pasos llegaste de dulce gorrión
en bosques umbrosos, vestidos de frío,
en lagos azules soñados de encanto,
con notas llegaste de alguna canción.
Floreciste como fruta del estío
o una flor de loto por sobre el espanto.
II
De mañana vi, tu sonrisa eterna,
en un desgranar gráciles reflejos,
en un universo vestido de espejos,
en la soledad de triste caverna.
te encontré pintada la tarde de enero
en las cicatrices de una infancia triste
cuando un soplo de ábrego que ya te desviste
y mi esencia muere de tanto que espero.
Me vestí de piel, colina callada,
de tus pasos vine capturando un sueño,
de tus ojos al aliento de instante,
de niña, tu aroma de mujer amada,
aroma de besos, anhelo pequeño
que rueda de piel, efluvio de amante.
III
Te encontré encerrada, tras castillo fiero,
te encontré dudando con tu interno fuero.
Te encontré entonando de la gaita un cielo,
te encontré enredada, deshojando un velo.
Tejiendo de sol cabellos al viento,
de perfumes brotas como el pensamiento
y no reconoces esencias dormidas,
y no reconoces tu vida en mis vidas.
estreché tu cuerpo para abrir tus puertas,
arañé tu pecho cansado y desierto,
y mis besos fueron en tus ansias muertas
y quemé mis ganas en un sueño incierto
y mi alma lloró suavidad cautiva
para tiritar sobre llaga viva.
I
Llegaste a mis manos cálida mujer
con tu hermosa túnica de color de luto,
con ese silencio traspasado, enjuto
con un universo vestido de ayer.
llegaste del cierzo con paso cansino,
llegaste abrigando colinas perdidas,
masticando noches, suturando heridas,
batallas ganadas al fiero destino.
con pasos llegaste de dulce gorrión
en bosques umbrosos, vestidos de frío,
en lagos azules soñados de encanto,
con notas llegaste de alguna canción.
Floreciste como fruta del estío
o una flor de loto por sobre el espanto.
II
De mañana vi, tu sonrisa eterna,
en un desgranar gráciles reflejos,
en un universo vestido de espejos,
en la soledad de triste caverna.
te encontré pintada la tarde de enero
en las cicatrices de una infancia triste
cuando un soplo de ábrego que ya te desviste
y mi esencia muere de tanto que espero.
Me vestí de piel, colina callada,
de tus pasos vine capturando un sueño,
de tus ojos al aliento de instante,
de niña, tu aroma de mujer amada,
aroma de besos, anhelo pequeño
que rueda de piel, efluvio de amante.
III
Te encontré encerrada, tras castillo fiero,
te encontré dudando con tu luz de aurora
en los prados bellos de ansia arrobadora,
te encontré enredada, con la luz de un quiero.
Tejiendo de sol cabellos al viento,
de perfumes brotas como el pensamiento
y no reconoces esencias dormidas,
y no reconoces tu vida en mis vidas.
estreché tu cuerpo para abrir tus puertas,
arañé tu pecho cansado y desierto,
y mis besos fueron en tus ansias muertas
y quemé mis ganas en un sueño incierto
y mi alma lloró suavidad cautiva
para tiritar sobre llaga viva.
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