mamcardenal
Exp..
Sordo a tu piel,
mudo a los créditos
de cualquier despedida,
lanzo al aire
los cuchillos
de mi sed,
de mi hambre
remota.
Arrecia la calma.
Las palmeras
como escobas
barren las nubes
desajustadas y canallas.
Entre la confusión
abrimos los cielos
para comer estrellas,
planetas solitarios,
y algún que otro
cometa tonto.
Algunos amargan.
Otros todavía vivos
entre mis dientes
piden clemencia al creador.
Pobres ignorantes,
no loyen los noticiarios
y todavía creen en los milagros.
Piden convertirse en ojos,
bocas, vientres insolentes
a favor de la polar;
estrella autista
de vida pía.
Ya en la taberna ruidosa
el aliento neto
se pega a mis dedos
y bailo contigo al son
de las últimas tardes.
¿Quedará algo después?
Se diluye el ultimo beso
en el socorro de los muertos
que surcan, como zancudos,
nuestras camas,
espesos,
ya sin ritmo.
mudo a los créditos
de cualquier despedida,
lanzo al aire
los cuchillos
de mi sed,
de mi hambre
remota.
Arrecia la calma.
Las palmeras
como escobas
barren las nubes
desajustadas y canallas.
Entre la confusión
abrimos los cielos
para comer estrellas,
planetas solitarios,
y algún que otro
cometa tonto.
Algunos amargan.
Otros todavía vivos
entre mis dientes
piden clemencia al creador.
Pobres ignorantes,
no loyen los noticiarios
y todavía creen en los milagros.
Piden convertirse en ojos,
bocas, vientres insolentes
a favor de la polar;
estrella autista
de vida pía.
Ya en la taberna ruidosa
el aliento neto
se pega a mis dedos
y bailo contigo al son
de las últimas tardes.
¿Quedará algo después?
Se diluye el ultimo beso
en el socorro de los muertos
que surcan, como zancudos,
nuestras camas,
espesos,
ya sin ritmo.