Quiero imaginar que esa tristeza retorna envuelta en un opaco papel verde, llega a la puerta de la casa, un domingo indiferente de lluvia, preferiblemente por la tarde, preferiblemente; esto no requiere ser estrictamente necesario: la mañana o la noche logran ser igual de adecuadas... suena el timbre de la puerta (se puede idear también el sonido de unas palmas en el aire) y un postino desavenido coloca sobre nuestra mano el neblinoso souvenirs . ¿Qué hacer?, bueno, supongo dos soluciones:
a). envolver la pesada roca esta vez en brillante papel amarrillo, correr nuevamente a la estafeta postal, con el esfuerzo que eso conlleva, y esperar que ahora así, por los designios del azar, nunca retorne el temido correo a la puerta de nuestro desbalijado corazón. O la segunda opción.
b). disponer de una mujer desnuda y en lo oscuro. Indicación ya arto probada por eximios poetas. Claro esta, infalible, si es acompañada de whisky y cigarrillos.
[ gustavo cavicchia ]
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