Su silencio era el mío

Gonvedo

Poeta asiduo al portal
Donde la lluvia cae
con la sincera pasión de la ceniza,
traza en el aire con su ciego gemido
reinos de óleo navegable,
donde una trinitaria luz
persigue las azules volutas
de un mar que aún respira
la nimbada tristeza de los búcaros,
el horizonte tiene la luminosidad
cansada de las lápidas,
donde las sombras son astros
abandonados a la nada
en extraña seducción y sinérgica danza,
solo queda el lívido esqueleto de la música,
donde apenas asoma el otoño
con su herrumbroso latido
y su orfandad de nieblas,
las hojas caen de puro miedo,
y noviembre no conoce la piedad
ni la asonante plegaria de los amaneceres,
pero cierro los ojos y su silencio era el mío.
 
¡Hermoso Poema! Me ha encantado como entrelazaste estas imágenes en tus versos...
Te felicito. Me enganchaste con:
“el horizonte tiene la luminosidad
cansada de las lápidas,
donde las sombras son astros
abandonados a la nada
en extraña seducción y sinérgica danza”

¡Saludos y admiración para ti!
 
¡Hermoso Poema! Me ha encantado como entrelazaste estas imágenes en tus versos...
Te felicito. Me enganchaste con:
“el horizonte tiene la luminosidad
cansada de las lápidas,
donde las sombras son astros
abandonados a la nada
en extraña seducción y sinérgica danza”

¡Saludos y admiración para ti!


Muchas gracias, Violeta, eres muy amable.

Saludos.
 

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