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Sucedió en Montparnasse

Vicente:

Vuestro escape transgresor ha dado un fruto delicioso.
Producís una lectura grata y morosa a la vez,
que nos lleva de la mano hacia el final
enteramente satisfactorio.
A la manera de Monsieur Poirot, creo que Cortázar
os hubiera dicho: Je ne suis pas français, je suis belge !
Bromas aparte, excelente trabajo.

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¿Sabíais que… Murciégalo es la forma correcta; sin embargo,
la forma común y más culta es su metátesis Murciélago?
 

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Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)



Sucedió en Montparnasse (Crónicas del olvido)


Jamás podré olvidar nuestra primera cita,
aquel instante mágico y eterno.
Y es que las cosas que suceden por primera vez
pretenden ese rango inmutable de lo definitivo.
Porque el olvido es territorio ruin de una memoria fósil
es por lo que te traigo hoy a este poema.
¿Te acuerdas, vida mía?
Tú escapabas de aquel ascensor triste
con la expresión ingenua de la Maga en tu pupila
y la fragilidad de una muñeca de biscuit.
Y yo, que nunca fui de Oliveira por la vida, te presagiaba ya
sin más bagaje que un recato infantil en la mirada
y un volcán a estrenar en la maleta.
Le boulevard Raspail se te rindió, inclinado a tus pies
(y a los secretos de tu minifalda)
como una fortaleza de Verona sin patrias potestades ni prejuicios.
Aún retengo en la memoria viva
la trémula mordaza de tus labios aprendices
al quite de un te quiero interrumpido.
Lo recuerdo bien, éramos jóvenes apátridas
sobrevivientes de una pizarra negra y opresora
y la carne exigía su cuota inaugural de inédita impudicia.

Créeme lo que afirmo, princesa de mis sueños,
ahora que los tiempos han cambiado, no vengo de mendigo
pero deja que te diga en esta madrugada
que ya no me sostiene ni la copa
que este relato cruel que ahora te cuento
fue una historia de amor
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.


Pido disculpas por la ligereza pero se ma ha resbalado la métrica entre las manos en un arrebato de libertad formal.

Lo vuelvo a leer y tengo que parar, me voy a dormir, después de esto todo sabrá a poco y no me quiero poner muy tonto, las sensibilidades ajenas, ya sabes...
Es que estás en otra liga, enseñame picha!!
Un abrazo mortal, como tu pirueta.
 


Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)



Sucedió en Montparnasse (Crónicas del olvido)


Jamás podré olvidar nuestra primera cita,
aquel instante mágico y eterno.
Y es que las cosas que suceden por primera vez
pretenden ese rango inmutable de lo definitivo.
Porque el olvido es territorio ruin de una memoria fósil
es por lo que te traigo hoy a este poema.
¿Te acuerdas, vida mía?
Tú escapabas de aquel ascensor triste
con la expresión ingenua de la Maga en tu pupila
y la fragilidad de una muñeca de biscuit.
Y yo, que nunca fui de Oliveira por la vida, te presagiaba ya
sin más bagaje que un recato infantil en la mirada
y un volcán a estrenar en la maleta.
Le boulevard Raspail se te rindió, inclinado a tus pies
(y a los secretos de tu minifalda)
como una fortaleza de Verona sin patrias potestades ni prejuicios.
Aún retengo en la memoria viva
la trémula mordaza de tus labios aprendices
al quite de un te quiero interrumpido.
Lo recuerdo bien, éramos jóvenes apátridas
sobrevivientes de una pizarra negra y opresora
y la carne exigía su cuota inaugural de inédita impudicia.

Créeme lo que afirmo, princesa de mis sueños,
ahora que los tiempos han cambiado, no vengo de mendigo
pero deja que te diga en esta madrugada
que ya no me sostiene ni la copa
que este relato cruel que ahora te cuento
fue una historia de amor
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.


Pido disculpas por la ligereza pero se ma ha resbalado la métrica entre las manos en un arrebato de libertad formal.
Parece que esta noche nos sorprendió París, firmando el tratado de Versalles.
Igual que coincidimos en el mío, tal vez lo hagamos en el tuyo si te digo que me venía a la cabeza la nostalgia amarga de “la bohème” de Aznavour.
Me gustó tu poema rebelde.
Un saludo
 


Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)



Sucedió en Montparnasse (Crónicas del olvido)


Jamás podré olvidar nuestra primera cita,
aquel instante mágico y eterno.
Y es que las cosas que suceden por primera vez
pretenden ese rango inmutable de lo definitivo.
Porque el olvido es territorio ruin de una memoria fósil
es por lo que te traigo hoy a este poema.
¿Te acuerdas, vida mía?
Tú escapabas de aquel ascensor triste
con la expresión ingenua de la Maga en tu pupila
y la fragilidad de una muñeca de biscuit.
Y yo, que nunca fui de Oliveira por la vida, te presagiaba ya
sin más bagaje que un recato infantil en la mirada
y un volcán a estrenar en la maleta.
Le boulevard Raspail se te rindió, inclinado a tus pies
(y a los secretos de tu minifalda)
como una fortaleza de Verona sin patrias potestades ni prejuicios.
Aún retengo en la memoria viva
la trémula mordaza de tus labios aprendices
al quite de un te quiero interrumpido.
Lo recuerdo bien, éramos jóvenes apátridas
sobrevivientes de una pizarra negra y opresora
y la carne exigía su cuota inaugural de inédita impudicia.

Créeme lo que afirmo, princesa de mis sueños,
ahora que los tiempos han cambiado, no vengo de mendigo
pero deja que te diga en esta madrugada
que ya no me sostiene ni la copa
que este relato cruel que ahora te cuento
fue una historia de amor
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.


Pido disculpas por la ligereza pero se ma ha resbalado la métrica entre las manos en un arrebato de libertad formal.
Parece que esta noche nos sorprendió París, firmando el tratado de Versalles.
Igual que coincidimos en el mío, tal vez lo hagamos en el tuyo si te digo que me venía a la cabeza la nostalgia amarga de “la bohème” de Aznavour.
Me gustó tu poema rebelde.
Un saludo
 
Querido Vicente, ahora resulta que andas por Montparnasse, mi barrio cuando estoy en Paris.

Es en serio, debes saber que yo vivo entre New York, London y Paris, por mi trabajo de pintora. Si crees que es una broma, entra en mi perfil para que lo veas con tus propios ojos.

Inmenso abrazo desde Nuestro Central Park,

Your Russian-American Gladiator____________________

Bueno, Victoria, pasadas las emociones de la primera juventud, he vuelto en algunas ocasiones a ese barrio eterno, pero nunca será ya como entonces; Paris ha perdido fuelle bohemio y ya no es lo que fue. Ni siquiera el Café de la Rotonde sigue siendo tan emblemático, tú que eres pintora, lo sabes muy bien. Nueva York es el nuevo motor del Arte.
En cierto modo, este poema es, un poco, homenaje a Julio Cortázar (santo de mi devoción) y a sus personajes de Rayuela. Ya sabes que está enterrado en el cementerio de Montparnasse.

Te creo, ya sé que no es broma.

Otro para ti.
 
Última edición:


Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)



Sucedió en Montparnasse (Crónicas del olvido)


Jamás podré olvidar nuestra primera cita,
aquel instante mágico y eterno.
Y es que las cosas que suceden por primera vez
pretenden ese rango inmutable de lo definitivo.
Porque el olvido es territorio ruin de una memoria fósil
es por lo que te traigo hoy a este poema.
¿Te acuerdas, vida mía?
Tú escapabas de aquel ascensor triste
con la expresión ingenua de la Maga en tu pupila
y la fragilidad de una muñeca de biscuit.
Y yo, que nunca fui de Oliveira por la vida, te presagiaba ya
sin más bagaje que un recato infantil en la mirada
y un volcán a estrenar en la maleta.
Le boulevard Raspail se te rindió, inclinado a tus pies
(y a los secretos de tu minifalda)
como una fortaleza de Verona sin patrias potestades ni prejuicios.
Aún retengo en la memoria viva
la trémula mordaza de tus labios aprendices
al quite de un te quiero interrumpido.
Lo recuerdo bien, éramos jóvenes apátridas
sobrevivientes de una pizarra negra y opresora
y la carne exigía su cuota inaugural de inédita impudicia.

Créeme lo que afirmo, princesa de mis sueños,
ahora que los tiempos han cambiado, no vengo de mendigo
pero deja que te diga en esta madrugada
que ya no me sostiene ni la copa
que este relato cruel que ahora te cuento
fue una historia de amor
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.


Pido disculpas por la ligereza pero se ma ha resbalado la métrica entre las manos en un arrebato de libertad formal.
Es un texto inmune al paso del tiempo. Un abrazo, Vicente.
 
Abundo en el comentario de Juan Ramón, el cual comparto (bueno, no puedo atribuirme compartir la mención a ""Rayuela"" porque me declaro ignorante en ese aspecto y desconozco obra y autor, pero sí comparto todo lo demás). Tienes mis aplausos y mi admiración por tu elevada poesía y/o prosa poética (este poema, a mí, me suena a prosa poética, no a poema, pero eso no lo desvirtúa a mis ojos, oídos, y corazón). Y dicho eso, ¿es éste un poema para ""Clásica no competitiva?, a mi juicio, debería ir en otro Subforo, sin que esa circunstancia merme un ápice de la grandeza y belleza del poema o prosa poética.

Un fuerte abrazo, querido amigo y admirado poeta.



Bueno, José, ya lo decía yo al pie del poema. Tal vez tengas razón pero yo entiendo que aunque estos versos no tengan una distribución ni métrica del Siglo de Oro sí mantienen una armonía y una cadencia acentual próxima a la silva. Tal vez me haya enganchado, influido por Juan Ramón Jiménez, al hallazgo del eslabón perdido entre la silva modernista y el verso libre hispánico.

Otro igual para ti con las mismas consideraciones.
 
Qué tal Vicente,

Hace unos cuantos días, expresaba en un tema acerca de la valía del verso libre en comparación con el verso tradicional medido y con rima y esto es lo que escribí a favor del verso libre:

La magia ocurre cuando logramos decir esos tropos y el lector encuentra esas pistas y las procesa, como el citado ejemplo de Neruda, cuando dice

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

¿Quién no ha sentido esa sensación de inicios de semana cuando el día se vuelve interminable? Aquí el escritor retrata fielmente ese sentir con metáforas inexploradas y llenas de lirismo.


Acá veo lo mismo. Has utilizado la libertad que te da el veso libre para plasmar bellas metáforas que van de lo clásico a lo contemporáneo con la soltura que solo una pluma como la tuya lo permite. El poema es hermoso y lleno de lirismo, además de que no has renunciado al ritmo intrínsico, polimétrico de los poemas. te lo menciono porque he visto muchos casos en los que alguien hace una prosa poética y corta de forma artificial las frases para dar la impresión de que se trata de versos en vez de fragmentaciones arbitrarias y eso, desde mi punto de vista es una manera fácil de meter un polizonte al Parnaso sin pasaporte.

Saludos y felicidades, poeta.

Javier
 
Parece que esta noche nos sorprendió París, firmando el tratado de Versalles.
Igual que coincidimos en el mío, tal vez lo hagamos en el tuyo si te digo que me venía a la cabeza la nostalgia amarga de “la bohème” de Aznavour.
Me gustó tu poema rebelde.
Un saludo


Sí, tal vez. En lo que seguro que coincidimos es en el entusiasmo por Aznavour.
Muchas gracias por detenerte en estos versos.

Otro para ti.
 
Un poema de verso libre donde nos transportas en viaje de sensibilidad que brilla a gran altura.
felicidades maestro
un abrazo

Muchas gracias, Pepe. ¿Maestro? Para nada, tan solo un permanente y aplicado observador de todo lo que huela a poesía.
Yo, que como sabes, no oculto mis reservas lorquianas, pienso, como él, que la poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio.
¡Quién pudiera conseguir tan fascinante alianza!

Un fuerte abrazo, amigo.
 


Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)



Sucedió en Montparnasse (Crónicas del olvido)


Jamás podré olvidar nuestra primera cita,
aquel instante mágico y eterno.
Y es que las cosas que suceden por primera vez
pretenden ese rango inmutable de lo definitivo.
Porque el olvido es territorio ruin de una memoria fósil
es por lo que te traigo hoy a este poema.
¿Te acuerdas, vida mía?
Tú escapabas de aquel ascensor triste
con la expresión ingenua de la Maga en tu pupila
y la fragilidad de una muñeca de biscuit.
Y yo, que nunca fui de Oliveira por la vida, te presagiaba ya
sin más bagaje que un recato infantil en la mirada
y un volcán a estrenar en la maleta.
Le boulevard Raspail se te rindió, inclinado a tus pies
(y a los secretos de tu minifalda)
como una fortaleza de Verona sin patrias potestades ni prejuicios.
Aún retengo en la memoria viva
la trémula mordaza de tus labios aprendices
al quite de un te quiero interrumpido.
Lo recuerdo bien, éramos jóvenes apátridas
sobrevivientes de una pizarra negra y opresora
y la carne exigía su cuota inaugural de inédita impudicia.

Créeme lo que afirmo, princesa de mis sueños,
ahora que los tiempos han cambiado, no vengo de mendigo
pero deja que te diga en esta madrugada
que ya no me sostiene ni la copa
que este relato cruel que ahora te cuento
fue una historia de amor
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.


Pido disculpas por la ligereza pero se ma ha resbalado la métrica entre las manos en un arrebato de libertad formal.
Qué hermoso!! Un remate muy lindo, poeta Vicente.
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.

Un aplauso!! Saludos, poeta. Me encantó leerte. Un abrazo, mi amigo.
Azalea.
 
Qué tal Vicente,

Hace unos cuantos días, expresaba en un tema acerca de la valía del verso libre en comparación con el verso tradicional medido y con rima y esto es lo que escribí a favor del verso libre:

La magia ocurre cuando logramos decir esos tropos y el lector encuentra esas pistas y las procesa, como el citado ejemplo de Neruda, cuando dice

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

¿Quién no ha sentido esa sensación de inicios de semana cuando el día se vuelve interminable? Aquí el escritor retrata fielmente ese sentir con metáforas inexploradas y llenas de lirismo.


Acá veo lo mismo. Has utilizado la libertad que te da el veso libre para plasmar bellas metáforas que van de lo clásico a lo contemporáneo con la soltura que solo una pluma como la tuya lo permite. El poema es hermoso y lleno de lirismo, además de que no has renunciado al ritmo intrínsico, polimétrico de los poemas. te lo menciono porque he visto muchos casos en los que alguien hace una prosa poética y corta de forma artificial las frases para dar la impresión de que se trata de versos en vez de fragmentaciones arbitrarias y eso, desde mi punto de vista es una manera fácil de meter un polizonte al Parnaso sin pasaporte.

Saludos y felicidades, poeta.

Javier

Todo un honor que me compares con Neruda, apreciado Javier, aunque solo fuera de manera periférica. Es de agradecer pero la talla lírica del poeta de Isla Negra excede con creces la de este humilde poeta que suscribe.
Es verdad lo que dices, en muchas ocasiones se pretende dar forma poética a un texto que, por más que se distribuya en versos, es sencillamente pura prosa.

Reitero mi gratitud con este abrazo.
 


Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)



Sucedió en Montparnasse (Crónicas del olvido)


Jamás podré olvidar nuestra primera cita,
aquel instante mágico y eterno.
Y es que las cosas que suceden por primera vez
pretenden ese rango inmutable de lo definitivo.
Porque el olvido es territorio ruin de una memoria fósil
es por lo que te traigo hoy a este poema.
¿Te acuerdas, vida mía?
Tú escapabas de aquel ascensor triste
con la expresión ingenua de la Maga en tu pupila
y la fragilidad de una muñeca de biscuit.
Y yo, que nunca fui de Oliveira por la vida, te presagiaba ya
sin más bagaje que un recato infantil en la mirada
y un volcán a estrenar en la maleta.
Le boulevard Raspail se te rindió, inclinado a tus pies
(y a los secretos de tu minifalda)
como una fortaleza de Verona sin patrias potestades ni prejuicios.
Aún retengo en la memoria viva
la trémula mordaza de tus labios aprendices
al quite de un te quiero interrumpido.
Lo recuerdo bien, éramos jóvenes apátridas
sobrevivientes de una pizarra negra y opresora
y la carne exigía su cuota inaugural de inédita impudicia.

Créeme lo que afirmo, princesa de mis sueños,
ahora que los tiempos han cambiado, no vengo de mendigo
pero deja que te diga en esta madrugada
que ya no me sostiene ni la copa
que este relato cruel que ahora te cuento
fue una historia de amor
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.


Pido disculpas por la ligereza pero se ma ha resbalado la métrica entre las manos en un arrebato de libertad formal.

¡Vicente! Realmente hermosos estos versos. Bendito el verso libre cuando se lleva con pulso maestro como en este poema.
Tu inspirada obra me recordó a aquella bellísima canción de Luis Eduardo Aute, «Las cuatro y diez».
Un fuerte abrazo, poeta.
 
Qué hermoso!! Un remate muy lindo, poeta Vicente.
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.

Un aplauso!! Saludos, poeta. Me encantó leerte. Un abrazo, mi amigo.
Azalea.


Muchas gracias, querida amiga; de verdad que se agradece tu paso y tu felicitación.
Otro abrazo para ti. Que tengas una Feliz Navidad.
 
Bueno Vicente, ahora que se puede comentar más de dos veces, no encuentro poemas porque son mas de dos y el video esta allí.
Gracias por comentar mi último poema, no sé si tenga tiempo de escribir otro. No respondere a tú comentario, porque me luzco con el.

Aprovecho para desearte un 2021 mas amigable,
en tus quehaseres literios y románticos. Poemas nuevos donde poder comentarte.Un beso poeta.-
 
Última edición:
¡Vicente! Realmente hermosos estos versos. Bendito el verso libre cuando se lleva con pulso maestro como en este poema.
Tu inspirada obra me recordó a aquella bellísima canción de Luis Eduardo Aute, «Las cuatro y diez».
Un fuerte abrazo, poeta.


Me emociona, querido poeta, que me traigas a la memoria a Luis Eduardo, aquél viejo trovador de causas perdidas con el que compartí sueños y chupitos en el madrileño barrio de Argüelles en años universitarios.
Muchas gracias por tu grata valoración.

Un fuerte abrazo.
 


Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
(Julio Cortazar)



Sucedió en Montparnasse (Crónicas del olvido)


Jamás podré olvidar nuestra primera cita,
aquel instante mágico y eterno.
Y es que las cosas que suceden por primera vez
pretenden ese rango inmutable de lo definitivo.
Porque el olvido es territorio ruin de una memoria fósil
es por lo que te traigo hoy a este poema.
¿Te acuerdas, vida mía?
Tú escapabas de aquel ascensor triste
con la expresión ingenua de la Maga en tu pupila
y la fragilidad de una muñeca de biscuit.
Y yo, que nunca fui de Oliveira por la vida, te presagiaba ya
sin más bagaje que un recato infantil en la mirada
y un volcán a estrenar en la maleta.
Le boulevard Raspail se te rindió, inclinado a tus pies
(y a los secretos de tu minifalda)
como una fortaleza de Verona sin patrias potestades ni prejuicios.
Aún retengo en la memoria viva
la trémula mordaza de tus labios aprendices
al quite de un te quiero interrumpido.
Lo recuerdo bien, éramos jóvenes apátridas
sobrevivientes de una pizarra negra y opresora
y la carne exigía su cuota inaugural de inédita impudicia.

Créeme lo que afirmo, princesa de mis sueños,
ahora que los tiempos han cambiado, no vengo de mendigo
pero deja que te diga en esta madrugada
que ya no me sostiene ni la copa
que este relato cruel que ahora te cuento
fue una historia de amor
y las historias de amor nada tienen que ver con el olvido,
no se pueden morir,
porque están hechas de la misma masa gloriosa que los mitos.


Pido disculpas por la ligereza pero se ma ha resbalado la métrica entre las manos en un arrebato de libertad formal.
Maravilla. Un placer leerlo.
 

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