mikelo
Poeta adicto al portal
Sucedió hace muchos años, ningún medio de información lo recogió. Es la primera vez que se publica.
Quizás, pudo suceder tal y como en este momento lo relato. Jamás me dejó constancia de ello en ninguna de nuestras interminables charlas, mientras recorríamos las cumbres de la sierra; ni siquiera el más leve atisbo.
Domingo, esta vez lo prefiere al sábado. Coincide con sus planes
Llevaba tiempo al parecer, preparando este día, puede que toda la vida.
Apenas lleva comida en la mochila, solo un par de barras de cereal y agua. Tampoco la cámara fotográfica digital, ni los prismáticos. Guarda como siempre, el pequeño cuaderno de tapas de cartón azul y páginas cuadriculadas, donde va dejando anotados sus poemas. También lleva consigo la carga de su pesadumbre crónica.
En el apeadero del barrio, los primeros rayos de sol se cuelan tímidamente entre las nubes del incipiente otoño, barriendo lentamente la penumbra del anden. Apenas un puñado de somnolientas figuras, espera el tren de las 7:45 con destino a Cercedilla y Segovia.
El trayecto lo realiza con los ojos entornados, no dormita, tampoco piensa. Deja pasar imágenes que se confunden con las luces y las sombras que desde exterior se proyectan sobre sus párpados. Frente a él, dos niños se ríen, a su lado una joven discute por el teléfono nerviosamente y más allá varias parejas charlan animadamente.
Casi al final, antes de llegar a la estación de Cercedilla para trasbordar, toma la libreta y con un lápiz gastado, realiza pausadamente varias anotaciones.
El tranvía en el que ahora asciende hasta la estación del Puerto de Navacerrada, traquetea y chirría con un quejido lastimero en las curvas; algunos robles cercanos a la vía frotan sus hojas con el convoy. Está repleto de montañeros y varios ciclistas bien pertrechados para el descenso, aguardan en la plataforma de entrada.
Toma el sendero de siempre, apenas transitado, que escondido tras la estación, le sube al Puerto de Navacerrada. Camina despacio, entre sombras de pino albar, sintiendo el frescor de la humedad que el terreno mantiene y el penetrante aroma de la vegetación que le rodea. Hoy no lleva el bastón compañero de apoyo. Él tampoco está invitado al paseo.
Cruza rápido el collado del Puerto, punto de encuentro e inicio diferentes rutas.
Sube ya a buen paso, los más de cuatrocientos metros de altitud que desde el Puerto le separan de la cima de Guarramillas. Marcha por una senda apenas marcada, alejado de la pista de cemento, cuya cicatriz en zigzag hiere la montaña.
Desde el alto de Bola del Mundo, con los latidos del corazón golpeándole las sienes, contempla el Pico de la Maliciosa, allí está el final de su etapa y apenas asomando su cuerno animal, la formación rocosa del Peñotillo. No piensa.
Baja corriendo por la ladera hacía el Collado del Piornal; llegando a este, siente una punzada en el hambriento estómago y se detiene un momento. Sentado sobre una roca, toma de una de las barras de cereales, lo acompaña al final con un trago pausado y largo de agua. Desde ese lugar, contempla una vez más la inconfundible silueta azulada de Cuerda Larga. Toma el cuaderno y escribe. Esta vez si piensa.
Son las doce del mediodía. Sobre una de las peñas del Pico de la Maliciosa, contempla el magnifico paisaje que la naturaleza regala a sus ojos.
Desdibujados por una ligera neblina se aprecia el macizo de la Pedriza con sus torres graníticas, la cuenca alta de río Manzanares, el embalse de Santillana de reflejos plateados; los pueblos de Mataelpino, el Boalo, Cerceda, Becerril de la Sierra, Moralzarzal, Collado Villalba, Navacerrada pegado a la pequeña lamina azul de su embalse y Guadarrama. Más lejanos, el monte Abantos con su ladera sur calcinada por incendios provocados. Cuelgamuros con su esperpéntica y faraónica cruz agrediendo el valle; Cabeza Lijar, Alto del León y los tres dientes de la Peñota sobre el pueblo de Cercedilla.
Próxima a la cima de la Maliciosa, más abajo y a la derecha la roca puntiaguda del Espolón Promesas.
Al borde mismo de sus pies, la pared sur se le ofrece vertiginosa, interminable y atrayente; adornada de esculturas labradas paciénteme por el paso del tiempo.
Se siente ave que desde una posición vigía y privilegiada, explora el paisaje en busca de sustento.
Una pareja de águilas reales de vuelo majestuoso, interrumpen en este momento en el campo de su visión. Se dejan llevar por la caricia de la corriente térmica. Una de ellas, gira bajando hacia él, se aproxima y apenas a treinta metros le lanza un agudo chillido, para retornar con su compañera. Es la señal convenida. No se puede quejar, tiene una excelente compañía. La mejor de todas.
Cierra los ojos, un viento racheado comienza agitarle el chubasquero verde. Extiende los brazos; por unos segundos queda quieto impasible, sintiendo solamente el aire en su rostro y el murmullo silbante entre las grietas del granito.
¡Y se lanza...! Vuela unido a su mochila, con alas de plomo en pos de las águilas. Ahora él, es su propio dueño, no más vida tirana... Sin dimensión de espacio ni de tiempo que valga... Poco a poco, una cálida y confortable luz lo va envolviendo con su manto, llenándolo con su calma; le lleva consigo feliz y libremente a su destino: con la amada Nada.
Dejó en ese mismo sitio, su gorra azul añil, sus gafas de sol y la libreta. En ella, en la penúltima pagina había escrito dos teléfonos, uno era el mío, el otro el de una mujer, acompañados de unas breves notas. La gorra y las gafas, su patrimonio, para mí y para ella la libreta, su sentimiento.
En la última página dejo sus últimos versos:
http://www.mundopoesia.com/foros/2100019-post1.html
Extrañamente, este poema, fue publicado no hace mucho en este mismo lugar..., incluso, antes de que todo esto aconteciese...
Sucedió hace ya muchos años. Fue un 27 de Septiembre del año 2009 y ningún medio de información lo recogió. Es la primera vez que se hace público.
Quizás, pudo suceder tal y como en este momento lo relato. Jamás me dejó constancia de ello en ninguna de nuestras interminables charlas, mientras recorríamos las cumbres de la sierra; ni siquiera el más leve atisbo.
Domingo, esta vez lo prefiere al sábado. Coincide con sus planes
Llevaba tiempo al parecer, preparando este día, puede que toda la vida.
Apenas lleva comida en la mochila, solo un par de barras de cereal y agua. Tampoco la cámara fotográfica digital, ni los prismáticos. Guarda como siempre, el pequeño cuaderno de tapas de cartón azul y páginas cuadriculadas, donde va dejando anotados sus poemas. También lleva consigo la carga de su pesadumbre crónica.
En el apeadero del barrio, los primeros rayos de sol se cuelan tímidamente entre las nubes del incipiente otoño, barriendo lentamente la penumbra del anden. Apenas un puñado de somnolientas figuras, espera el tren de las 7:45 con destino a Cercedilla y Segovia.
El trayecto lo realiza con los ojos entornados, no dormita, tampoco piensa. Deja pasar imágenes que se confunden con las luces y las sombras que desde exterior se proyectan sobre sus párpados. Frente a él, dos niños se ríen, a su lado una joven discute por el teléfono nerviosamente y más allá varias parejas charlan animadamente.
Casi al final, antes de llegar a la estación de Cercedilla para trasbordar, toma la libreta y con un lápiz gastado, realiza pausadamente varias anotaciones.
El tranvía en el que ahora asciende hasta la estación del Puerto de Navacerrada, traquetea y chirría con un quejido lastimero en las curvas; algunos robles cercanos a la vía frotan sus hojas con el convoy. Está repleto de montañeros y varios ciclistas bien pertrechados para el descenso, aguardan en la plataforma de entrada.
Toma el sendero de siempre, apenas transitado, que escondido tras la estación, le sube al Puerto de Navacerrada. Camina despacio, entre sombras de pino albar, sintiendo el frescor de la humedad que el terreno mantiene y el penetrante aroma de la vegetación que le rodea. Hoy no lleva el bastón compañero de apoyo. Él tampoco está invitado al paseo.
Cruza rápido el collado del Puerto, punto de encuentro e inicio diferentes rutas.
Sube ya a buen paso, los más de cuatrocientos metros de altitud que desde el Puerto le separan de la cima de Guarramillas. Marcha por una senda apenas marcada, alejado de la pista de cemento, cuya cicatriz en zigzag hiere la montaña.
Desde el alto de Bola del Mundo, con los latidos del corazón golpeándole las sienes, contempla el Pico de la Maliciosa, allí está el final de su etapa y apenas asomando su cuerno animal, la formación rocosa del Peñotillo. No piensa.
Baja corriendo por la ladera hacía el Collado del Piornal; llegando a este, siente una punzada en el hambriento estómago y se detiene un momento. Sentado sobre una roca, toma de una de las barras de cereales, lo acompaña al final con un trago pausado y largo de agua. Desde ese lugar, contempla una vez más la inconfundible silueta azulada de Cuerda Larga. Toma el cuaderno y escribe. Esta vez si piensa.
Son las doce del mediodía. Sobre una de las peñas del Pico de la Maliciosa, contempla el magnifico paisaje que la naturaleza regala a sus ojos.
Desdibujados por una ligera neblina se aprecia el macizo de la Pedriza con sus torres graníticas, la cuenca alta de río Manzanares, el embalse de Santillana de reflejos plateados; los pueblos de Mataelpino, el Boalo, Cerceda, Becerril de la Sierra, Moralzarzal, Collado Villalba, Navacerrada pegado a la pequeña lamina azul de su embalse y Guadarrama. Más lejanos, el monte Abantos con su ladera sur calcinada por incendios provocados. Cuelgamuros con su esperpéntica y faraónica cruz agrediendo el valle; Cabeza Lijar, Alto del León y los tres dientes de la Peñota sobre el pueblo de Cercedilla.
Próxima a la cima de la Maliciosa, más abajo y a la derecha la roca puntiaguda del Espolón Promesas.
Al borde mismo de sus pies, la pared sur se le ofrece vertiginosa, interminable y atrayente; adornada de esculturas labradas paciénteme por el paso del tiempo.
Se siente ave que desde una posición vigía y privilegiada, explora el paisaje en busca de sustento.
Una pareja de águilas reales de vuelo majestuoso, interrumpen en este momento en el campo de su visión. Se dejan llevar por la caricia de la corriente térmica. Una de ellas, gira bajando hacia él, se aproxima y apenas a treinta metros le lanza un agudo chillido, para retornar con su compañera. Es la señal convenida. No se puede quejar, tiene una excelente compañía. La mejor de todas.
Cierra los ojos, un viento racheado comienza agitarle el chubasquero verde. Extiende los brazos; por unos segundos queda quieto impasible, sintiendo solamente el aire en su rostro y el murmullo silbante entre las grietas del granito.
¡Y se lanza...! Vuela unido a su mochila, con alas de plomo en pos de las águilas. Ahora él, es su propio dueño, no más vida tirana... Sin dimensión de espacio ni de tiempo que valga... Poco a poco, una cálida y confortable luz lo va envolviendo con su manto, llenándolo con su calma; le lleva consigo feliz y libremente a su destino: con la amada Nada.
Dejó en ese mismo sitio, su gorra azul añil, sus gafas de sol y la libreta. En ella, en la penúltima pagina había escrito dos teléfonos, uno era el mío, el otro el de una mujer, acompañados de unas breves notas. La gorra y las gafas, su patrimonio, para mí y para ella la libreta, su sentimiento.
En la última página dejo sus últimos versos:
http://www.mundopoesia.com/foros/2100019-post1.html
Extrañamente, este poema, fue publicado no hace mucho en este mismo lugar..., incluso, antes de que todo esto aconteciese...
Sucedió hace ya muchos años. Fue un 27 de Septiembre del año 2009 y ningún medio de información lo recogió. Es la primera vez que se hace público.
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