Violeta
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te anclas en las olas de mis pechos
con el silencio de tu sonrisa fresca y silvestre,
ingenua como el recelo de una paloma.
Sobran las palabras
en la santidad de tu piel,
en esa mirada celeste
que ha besado el mar de mis ruegos,
y ha hecho florecer
esta religión de amarte a ciegas.
Ahora creo que la noche
forma delfines en la soledad
de este acantilado,
y que tus dedos de violín
encienden las estrellas que lo cubren.
Yo quisiera que la cruz de este amor
sea eterna,
pues
te quiero a mi lado formando archipiélagos
con la lluvia de tus besos,
y con un suspiro azul profundo
elegirte entre alelíes,
y ser feliz en la enredadera de tu boca
cuando pronuncies mi nombre en el altar del amor.
Sueño de Dios,
eres hecho de cielo y mar.
con el silencio de tu sonrisa fresca y silvestre,
ingenua como el recelo de una paloma.
Sobran las palabras
en la santidad de tu piel,
en esa mirada celeste
que ha besado el mar de mis ruegos,
y ha hecho florecer
esta religión de amarte a ciegas.
Ahora creo que la noche
forma delfines en la soledad
de este acantilado,
y que tus dedos de violín
encienden las estrellas que lo cubren.
Yo quisiera que la cruz de este amor
sea eterna,
pues
te quiero a mi lado formando archipiélagos
con la lluvia de tus besos,
y con un suspiro azul profundo
elegirte entre alelíes,
y ser feliz en la enredadera de tu boca
cuando pronuncies mi nombre en el altar del amor.
Sueño de Dios,
eres hecho de cielo y mar.