tecafeyletras
Poeta recién llegado
Ella tenía en las manos
la antigua claridad de las uvas,
y cuando al fin me tocó
ardió la tierra bajo mis zapatos.
Traía en los ojos
la obstinación de la lluvia
y en las manos
ese antiguo oficio
de rescatarme del frío.
Desde entonces,
cada noche aprendo su nombre,
cada noche mi boca la llama.
Y yo,
superviviente de mil guerras
la amo, al igual que los pueblos la esperanza:
con hambre,
con heridas,
para siempre.
La amo con la furia del mar
cuando golpea las piedras al amanecer,
con esa sed interminable
que tienen los árboles por la lluvia.
Si calla, el mundo se vuelve pequeño.
Si ríe, septiembre abre sus ventanas.
Y yo, que fui ceniza y sombra,
en su pecho me vuelvo vida.
la antigua claridad de las uvas,
y cuando al fin me tocó
ardió la tierra bajo mis zapatos.
Traía en los ojos
la obstinación de la lluvia
y en las manos
ese antiguo oficio
de rescatarme del frío.
Desde entonces,
cada noche aprendo su nombre,
cada noche mi boca la llama.
Y yo,
superviviente de mil guerras
la amo, al igual que los pueblos la esperanza:
con hambre,
con heridas,
para siempre.
La amo con la furia del mar
cuando golpea las piedras al amanecer,
con esa sed interminable
que tienen los árboles por la lluvia.
Si calla, el mundo se vuelve pequeño.
Si ríe, septiembre abre sus ventanas.
Y yo, que fui ceniza y sombra,
en su pecho me vuelvo vida.