Dertodesking
Poeta recién llegado
Los átomos del cáncer
se barajan entre
mis células dormidas,
penetrando sus membranas viscosas
hasta llegar al nucléolo.
Y todos los días
las ondas radiactivas
entran por mis orificios nasales:
la corteza quemada
del pan que me olvidé en el tostador;
la torre de telecomunicaciones
que instalaron en el vecindario;
los edificios de amianto que aún
nadie ha derribado
(y que nadie derribará);
el humo de un cigarrillo que ni siquiera
estoy fumando;
los herbicidas que están esparciendo
por los cultivos...
La radiación grita dentro de mi organismo,
buscando despertar
y dar de comer a las crías del cáncer.
Ahora están famélicas...
Me dan pena,
pero no me quiero morir.
En el fondo tampoco es que pueda
hacer nada...
El universo genera comida
para un cáncer que podría ser,
y todo se juega
en una partida de póker clandestina.
Las células normales
no tienen ni idea, o eso quiero pensar.
Ya tendrían que ser muy hijas de puta
para ver la hecatombe que
se les viene encima
y no decirme nada,
como si mi cuerpo fuera un extraño
o, si acaso,
un conocido desconfiado.
se barajan entre
mis células dormidas,
penetrando sus membranas viscosas
hasta llegar al nucléolo.
Y todos los días
las ondas radiactivas
entran por mis orificios nasales:
la corteza quemada
del pan que me olvidé en el tostador;
la torre de telecomunicaciones
que instalaron en el vecindario;
los edificios de amianto que aún
nadie ha derribado
(y que nadie derribará);
el humo de un cigarrillo que ni siquiera
estoy fumando;
los herbicidas que están esparciendo
por los cultivos...
La radiación grita dentro de mi organismo,
buscando despertar
y dar de comer a las crías del cáncer.
Ahora están famélicas...
Me dan pena,
pero no me quiero morir.
En el fondo tampoco es que pueda
hacer nada...
El universo genera comida
para un cáncer que podría ser,
y todo se juega
en una partida de póker clandestina.
Las células normales
no tienen ni idea, o eso quiero pensar.
Ya tendrían que ser muy hijas de puta
para ver la hecatombe que
se les viene encima
y no decirme nada,
como si mi cuerpo fuera un extraño
o, si acaso,
un conocido desconfiado.
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