Francisco Ruzafa .
Poeta asiduo al portal
Agua que va fundiendo de los gélidos glaciares.
Donde, el Edelweis, dibuja los simétricos sueños
de la reina de las nieves y los tozales.
Hibernan, sus rutilantes colores los tritones.
Con poderes de dragones de antaño.
Que una varita mágica. Volvió diminutos.
Igual que esos duendecillos de los bolrtus.
Tan rápidos y camuflados
y a veces tan lentos
y brillantes, que no hay humano
que alcance a verlos.
Solo las abuelas sabían de esos cuentos.
¿Quién sabe si ciertos?
Cerca de las nubes. Donde pastorea
el silencio con el eco de las topadas
de los carneros.
Escribí, esto.
Para a una sirena ofrecérselo.
Por ella, miraré al cielo,
hasta que caiga una estrella.
Y así se cumpla mi deseo.
Cual dulzura de agua fresca.
Inmenso cariño que nunca se sacia.
Donde, el Edelweis, dibuja los simétricos sueños
de la reina de las nieves y los tozales.
Hibernan, sus rutilantes colores los tritones.
Con poderes de dragones de antaño.
Que una varita mágica. Volvió diminutos.
Igual que esos duendecillos de los bolrtus.
Tan rápidos y camuflados
y a veces tan lentos
y brillantes, que no hay humano
que alcance a verlos.
Solo las abuelas sabían de esos cuentos.
¿Quién sabe si ciertos?
Cerca de las nubes. Donde pastorea
el silencio con el eco de las topadas
de los carneros.
Escribí, esto.
Para a una sirena ofrecérselo.
Por ella, miraré al cielo,
hasta que caiga una estrella.
Y así se cumpla mi deseo.
Cual dulzura de agua fresca.
Inmenso cariño que nunca se sacia.