David Bernal
Poeta recién llegado
¿Cuantos años han pasado?
Ya ni me acuerdo.
Sigues igual? De ilusionado… No se.
De ingenuo seguramente no.
Las cosas antes importantes, representan nada ya.
Y aquellas para las que no tenias tiempo, son ahora rutina.
Los colores cada vez más desemados, de las flores bajo el ardiente verano.
Y los cantos de pajaros lejanos, suenan conocidos, tambien sus manos.
Ya no me llamas cómo antes, no pasamos las horas hablando.
No me miras con la misma intensidad, en el reflejo de portales dimensionales.
Tus ojos cansados saben fechas, de este reloj de caoba.
Habitaciones muertas de vidas efímeras.
Recuerdos tornasolados en delgada patina sobre el agua de un cuenco.
El tacto de los labios tiernos ha cambiado, y los abrazos de significado.
Ya no fumamos porros mirando al cielo, juntarse con el mar.
No valoramos lo importante, ciegos en esa carrera de obstáculos patrocinada por el ego
Fantasma de ese titiritero ciego, de barro ceniza y de fuego
De viento cambiante cómo ritmo africano
Abejas picando negro veneno que inunda el sentido
No escuchas mil sonidos en canciones
Ni percibes los reflejos de las cosas
Las alucinaciones dieron paso a la resaca Monstruosa como un titán de arcilla
Fria y humeda de colores verdes y aroma de bayeta
Las cajas acumulan polvo en el desván
La azotea nieve, y tus ojos lloros
Que aunque no veas erosionan tu consciente
El ánima de tus mas ocuros miedos
De tus más violentas gestas
Si al menos tuviesen sentido
No sería tan virulento
Plagas de Egipto, las gestas de Roma
Las olas de mares cantabricos castigando las rocas
Tu corazon errante atado de alambrada
Las marcas profundas de cal y clavos
Letras incandescentes en prosa séria
Nos sacan aún sonrrisas en madrugadas
Bebidas frias repiqueteando hielos
Sobrios ya, despues de tanto tiempo
Hace decadas nos hicimos promesas
Juramentos de sangre que no podian ir de otro modo
Creo que vamos cumpliendo
Enterrando tesoros
Rompiendo libros y testimonios
Indestructibles somos, fuimos, seremos, y todo
Nos pertenece a nosotros, como el azul de sus ojos
Cuantas veces nos estrellaremos
Lidiando la piedra cómo gotera
Nos levantaremos curando cicatrices viejas
Sacando el pus de las nuevas
Espadas de las entrañas, murcielagos de las azoteas.
Que suerte que me olvidaste
Pájaro de mal agüero.
Lo dimos todo, no lo volvimos a ver
Pero los lobos, hambrientos de sangre y peleas volverán en madrugada
A sacar ovejas del redil y degollarlas
La luna se teñira de rojo
Plañiran campanas de enojo
Y por los valles verdes bajaran canciones
De piratas, cruzados y gnomos
Amaneceres del fenix caido, siempre recordado
Los dados siguen girando, la apuesta en el tablero
Leyendo tus ojos entiendo, que esto, esto si será eterno.
¿Esntendiste ya?
Si, ya entendimos
Que los peces contra la corriente se cansan rapido
Que no son ciegos todos los enamorados.
Ya ni me acuerdo.
Sigues igual? De ilusionado… No se.
De ingenuo seguramente no.
Las cosas antes importantes, representan nada ya.
Y aquellas para las que no tenias tiempo, son ahora rutina.
Los colores cada vez más desemados, de las flores bajo el ardiente verano.
Y los cantos de pajaros lejanos, suenan conocidos, tambien sus manos.
Ya no me llamas cómo antes, no pasamos las horas hablando.
No me miras con la misma intensidad, en el reflejo de portales dimensionales.
Tus ojos cansados saben fechas, de este reloj de caoba.
Habitaciones muertas de vidas efímeras.
Recuerdos tornasolados en delgada patina sobre el agua de un cuenco.
El tacto de los labios tiernos ha cambiado, y los abrazos de significado.
Ya no fumamos porros mirando al cielo, juntarse con el mar.
No valoramos lo importante, ciegos en esa carrera de obstáculos patrocinada por el ego
Fantasma de ese titiritero ciego, de barro ceniza y de fuego
De viento cambiante cómo ritmo africano
Abejas picando negro veneno que inunda el sentido
No escuchas mil sonidos en canciones
Ni percibes los reflejos de las cosas
Las alucinaciones dieron paso a la resaca Monstruosa como un titán de arcilla
Fria y humeda de colores verdes y aroma de bayeta
Las cajas acumulan polvo en el desván
La azotea nieve, y tus ojos lloros
Que aunque no veas erosionan tu consciente
El ánima de tus mas ocuros miedos
De tus más violentas gestas
Si al menos tuviesen sentido
No sería tan virulento
Plagas de Egipto, las gestas de Roma
Las olas de mares cantabricos castigando las rocas
Tu corazon errante atado de alambrada
Las marcas profundas de cal y clavos
Letras incandescentes en prosa séria
Nos sacan aún sonrrisas en madrugadas
Bebidas frias repiqueteando hielos
Sobrios ya, despues de tanto tiempo
Hace decadas nos hicimos promesas
Juramentos de sangre que no podian ir de otro modo
Creo que vamos cumpliendo
Enterrando tesoros
Rompiendo libros y testimonios
Indestructibles somos, fuimos, seremos, y todo
Nos pertenece a nosotros, como el azul de sus ojos
Cuantas veces nos estrellaremos
Lidiando la piedra cómo gotera
Nos levantaremos curando cicatrices viejas
Sacando el pus de las nuevas
Espadas de las entrañas, murcielagos de las azoteas.
Que suerte que me olvidaste
Pájaro de mal agüero.
Lo dimos todo, no lo volvimos a ver
Pero los lobos, hambrientos de sangre y peleas volverán en madrugada
A sacar ovejas del redil y degollarlas
La luna se teñira de rojo
Plañiran campanas de enojo
Y por los valles verdes bajaran canciones
De piratas, cruzados y gnomos
Amaneceres del fenix caido, siempre recordado
Los dados siguen girando, la apuesta en el tablero
Leyendo tus ojos entiendo, que esto, esto si será eterno.
¿Esntendiste ya?
Si, ya entendimos
Que los peces contra la corriente se cansan rapido
Que no son ciegos todos los enamorados.
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