Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
De ningún lugar venimos, a ninguna parte vamos,
y en certeza a nuestro paso nada queda sino olvido;
¿para qué tantas carreras? ¿para qué nos obcecamos
en luchar contra molinos y en ganar tiempo perdido?
Ni siquiera somos dueños de la carne que habitamos,
cualquier falso iluminado nos derriba de un soplido;
lo mejor que hay en nosotros, por placer, lo eyaculamos,
y tan sólo dedicamos nuestro esfuerzo a lo prohibido.
Nos marchamos de este mundo con el rabo entre las piernas
vomitando mala baba contra todo el que podemos;
destrozamos sin saberlo nuestras glándulas internas
y perdernos por orgullo cualquier rastro de conciencia;
¿cómo vamos a ser libres si morimos y nacemos
suplicándole al demonio que nos trate con clemencia...?
y en certeza a nuestro paso nada queda sino olvido;
¿para qué tantas carreras? ¿para qué nos obcecamos
en luchar contra molinos y en ganar tiempo perdido?
Ni siquiera somos dueños de la carne que habitamos,
cualquier falso iluminado nos derriba de un soplido;
lo mejor que hay en nosotros, por placer, lo eyaculamos,
y tan sólo dedicamos nuestro esfuerzo a lo prohibido.
Nos marchamos de este mundo con el rabo entre las piernas
vomitando mala baba contra todo el que podemos;
destrozamos sin saberlo nuestras glándulas internas
y perdernos por orgullo cualquier rastro de conciencia;
¿cómo vamos a ser libres si morimos y nacemos
suplicándole al demonio que nos trate con clemencia...?
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