perico
Poeta recién llegado
Es humano el dudar y equivocarme.
Estalla la inocencia que cubría
mi mente con cariño fraternal,
callaba ya el silencio de la noche,
haciendo cada luna la primera
con nanas que lloraban de alegría.
Al tiempo descubrí con alegría
que humano es el dudar y equivocarme.
Mujeres: cada una es la primera,
temblaba aquella mano que cubría
envuelto en la inocencia de la noche
su pecho con cariño fraternal.
Aquél amor eterno, fraternal
me hacía estremecerme de alegría
sentirme desatado cada noche
por años con el miedo a equivocarme
veía cada noche que cubría,
el sol a aquella luna: la primera.
Mas demoró en llegar esa primera,
mujer que completó mi fraternal
sentido de la vida que cubría
mis ansias de placer y de alegría
yéndose raudo el miedo a equivocarme,
tan solo hacerla mía cada noche.
El tiempo fue arrancándole a la noche
la magia esa que tuvo en vez primera.
Por otra ya comienzo a equivocarme,
sacar aquél instinto fraternal
bordando por costumbre mi alegría,
mi cara con orgullo se cubría.
La sombra de la muerte me cubría,
mirando con sus cuencas cada noche
que el tiempo desollara mi alegría
llenándome su luz cual la primera.
Mi casa la sentía fraternal,
y el tiempo me contuvo a equivocarme.
El miedo a equivocarme me cubría,
cada noche la luna que primera
fue fraternal latido de alegría.
Estalla la inocencia que cubría
mi mente con cariño fraternal,
callaba ya el silencio de la noche,
haciendo cada luna la primera
con nanas que lloraban de alegría.
Al tiempo descubrí con alegría
que humano es el dudar y equivocarme.
Mujeres: cada una es la primera,
temblaba aquella mano que cubría
envuelto en la inocencia de la noche
su pecho con cariño fraternal.
Aquél amor eterno, fraternal
me hacía estremecerme de alegría
sentirme desatado cada noche
por años con el miedo a equivocarme
veía cada noche que cubría,
el sol a aquella luna: la primera.
Mas demoró en llegar esa primera,
mujer que completó mi fraternal
sentido de la vida que cubría
mis ansias de placer y de alegría
yéndose raudo el miedo a equivocarme,
tan solo hacerla mía cada noche.
El tiempo fue arrancándole a la noche
la magia esa que tuvo en vez primera.
Por otra ya comienzo a equivocarme,
sacar aquél instinto fraternal
bordando por costumbre mi alegría,
mi cara con orgullo se cubría.
La sombra de la muerte me cubría,
mirando con sus cuencas cada noche
que el tiempo desollara mi alegría
llenándome su luz cual la primera.
Mi casa la sentía fraternal,
y el tiempo me contuvo a equivocarme.
El miedo a equivocarme me cubría,
cada noche la luna que primera
fue fraternal latido de alegría.
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