Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Entre las rendijas de un atardecer dormido
respiraban tus ausencias vacías de nieve
portadoras de una estrella ensangrentada
que besó mil batallas y un ataúd.
Si que es verdad querida mariposa
que no tengo uñas en los ojos
ni vientos en los que sentarme manso
cuando regresan los pájaros golosos.
Hubo días en los que moría en el desayuno
y peinaba mis árboles con un estornudo
mientras el sol desembocaba en unos labios
traicioneros que succionaban mañanas.
No todo está perdido si llueven manos
sobre el río sin miedo que llora huesos,
si inocentes escritos en lágrimas sin llave
proclaman en silencio a los cuatro vientos
que todo es tuyo y que nada te pertenece.
respiraban tus ausencias vacías de nieve
portadoras de una estrella ensangrentada
que besó mil batallas y un ataúd.
Si que es verdad querida mariposa
que no tengo uñas en los ojos
ni vientos en los que sentarme manso
cuando regresan los pájaros golosos.
Hubo días en los que moría en el desayuno
y peinaba mis árboles con un estornudo
mientras el sol desembocaba en unos labios
traicioneros que succionaban mañanas.
No todo está perdido si llueven manos
sobre el río sin miedo que llora huesos,
si inocentes escritos en lágrimas sin llave
proclaman en silencio a los cuatro vientos
que todo es tuyo y que nada te pertenece.