¿DE QUÉ cielo caído,
oh insólito,
inmóvil solitario en la ola del tiempo?
Octavio Paz. “Día”
¿Porqué mis pasos ya no dejan sombra
ni mi silencio es ya de agua mansa?
¿Porque tus reflejos me desvelan
como una luz ardiente, aturdidora?
¿Qué parte del ayer no consumida
sigue siendo mi presente y tu trasunto?
Me alojé en dura roca del desierto
tallé allí bellas geodas de rojo cuarzo
y en sus cristales estabas reflejada
como airada gorgona irreductible.
Desangrado en tu mirar, me volví piedra
Desde mi mandorla como eremita pedía
al viajero noticias de tu vida y de tu aliento
y sólo insultos y desprecios recibía.
Supe entonces de tus males esparcidos
de cómo absorbías las luces de amaneceres
de otros que en tu presencia encontraban
tu turbia paz en la que yo me extravié un día.
Vivo en un sueño de espinas y cilicios
me quema el agua que mi sed no sacia
mis pies son pura llaga y nido de gusanos
pero tu cruel luz mi ceguera sigue siendo.
¿En qué círculo no descrito el Dante
en su justicia fijó mi alojamiento?
Ya huyó de mí Virgilio horrorizado
pues mi alma sólo era ya vacío y viento.
Ni Tántalo ni Sísifo en sus suplicios
pidieron a los dioses mitigar sus agonías
Si en mi dolor anida y vive tu recuerdo
elijo ser animal dolorido de por vida.
oh insólito,
inmóvil solitario en la ola del tiempo?
Octavio Paz. “Día”
¿Porqué mis pasos ya no dejan sombra
ni mi silencio es ya de agua mansa?
¿Porque tus reflejos me desvelan
como una luz ardiente, aturdidora?
¿Qué parte del ayer no consumida
sigue siendo mi presente y tu trasunto?
Me alojé en dura roca del desierto
tallé allí bellas geodas de rojo cuarzo
y en sus cristales estabas reflejada
como airada gorgona irreductible.
Desangrado en tu mirar, me volví piedra
Desde mi mandorla como eremita pedía
al viajero noticias de tu vida y de tu aliento
y sólo insultos y desprecios recibía.
Supe entonces de tus males esparcidos
de cómo absorbías las luces de amaneceres
de otros que en tu presencia encontraban
tu turbia paz en la que yo me extravié un día.
Vivo en un sueño de espinas y cilicios
me quema el agua que mi sed no sacia
mis pies son pura llaga y nido de gusanos
pero tu cruel luz mi ceguera sigue siendo.
¿En qué círculo no descrito el Dante
en su justicia fijó mi alojamiento?
Ya huyó de mí Virgilio horrorizado
pues mi alma sólo era ya vacío y viento.
Ni Tántalo ni Sísifo en sus suplicios
pidieron a los dioses mitigar sus agonías
Si en mi dolor anida y vive tu recuerdo
elijo ser animal dolorido de por vida.