Sofia Castelluccio
Poeta recién llegado
Estoy a punto de trascender mi existencia, hoy renazco en brazos de un ángel.
Floto en mis sueños, observo a lo alto del cielo todos esos rostros que voy a conocer más adelante. Tengo miedo.
Dudo si dar un paso al frente y llorar, o simplemente jurarle a Dios que esta vez seré diferente.
Conozco este mundo, pero este mundo jamás quiso conocerme. Soy insegura.
Ahora mismo puedo ser el humo de un cigarrillo consumiéndose en tristezas y desilusiones, quizás un ave enjaulado condenado a la amargura, sin libertad, o simplemente ser yo misma.
Antes de envolverme en la nueva página de mi vida, cerrar la consciencia y apagar mis ojos para nacer en este mundo otra vez, quiero recordar quién fui.
Es necesario que me conecte con mi tristeza, porque soy el otoño, la noche y la lluvia; es mi unicidad que clama una oportunidad; no mis miserias, estoy intentándolo de nuevo, porque no pudieron ver el brillo detrás de mis lágrimas.
No fue mi error, fue el error de muchos, tras señalarme o negarme unas palabras.
Un minuto a solas conmigo, y podría asegurar la paz mundial en los corazones de todos los que quieran conocerme realmente. Soy excepcional, pero tímida.
La vida es un misterio, es un ciclo interminable de evolución, es un propósito divino difícil de entender, magnifico y artístico.
Somos la danza de la creación, perfectos cuando caemos, inmensos cuando creemos, preciosos cuando envejecemos y maravillosos cuando emprendemos vuelo.
Me costó la vida, ver las cosas de esta manera. Necesité morir para hallar vitalidad en mi piel, y ahora me siento como la esencia del viento, porque mi rol en el mundo tomaba rumbos distintos siempre, jamás me quedé en el mismo lugar.
Puedo ser brillante cuando se trata de encontrar rosas en el desierto mental, incluso fui la renovación celular en las heridas de mi seres queridos. Pero, jamás me sentí amada tan verdaderamente como quisiera.
Luego de haber cerrado los ojos, mis labios fríos se negaron a recibir un beso del ángel negro, mi piel se marchitó en la soledad, mi sangre se evaporó en el silencio, y mi odio se hizo tan pequeño como el corazón de mis enemigos.
A veces, cuesta pensar en la muerte, pero es parte de la vida. Nos atemoriza la traición, pero es parte de la lealtad, nos intimida la tristeza, pero es parte del final del ciclo del amor y la alegría. Quiero decir, siempre fui las dos caras, mis pies inquietos querían pararse sobre ambos polos.
Dentro de mi familia, siempre pensé por mí misma, y mi casa no podía sentirse como un hogar.
No es una historia amarga, es una historia real, en su peso y forma.
Mi raza no determina mis habilidades, ritos, ni lenguaje.
Mi raza es solo el eco de lo que puedo ser…
Es el momento.
Mi serenidad entrelaza la sorpresa en los ojos de mi madre.
Estoy feliz en mi sombra, agradecida en mi mirada.
No recuerdo el sabor del orgullo, del pecado, ni la textura del desamor.
Estoy renovada, soy un papel en blanco. Una llama dispuesta a arder.
Un latido pronuncia tu nombre, pasos adelante estás.
Soy tu musa.
Un corazón huérfano, un alma hambrienta de afecto y pasión.
Otra vez soy la misma, no puedo asumir otro papel en el escenario que el propio que nace de mi interior.
Mi cuerpo y yo. Mis cicatrices y yo.
Tú y yo.
Somos el centro del mundo, pero mudos.
El eco del vació, cuando caen palabras en mi interior y te escucho diciéndome te amo, hoy no lucho sola.
Llegar a un futuro, solo cuesta equilibrio en los pasos, cantar en días grises, solo cuesta energía pura.
En un mundo de oportunidades, no existe la suerte.
Represento el espiral de la abundancia, el ímpetu inquieto y la bandera roja de hostilidad.
Floto en mis sueños, observo a lo alto del cielo todos esos rostros que voy a conocer más adelante. Tengo miedo.
Dudo si dar un paso al frente y llorar, o simplemente jurarle a Dios que esta vez seré diferente.
Conozco este mundo, pero este mundo jamás quiso conocerme. Soy insegura.
Ahora mismo puedo ser el humo de un cigarrillo consumiéndose en tristezas y desilusiones, quizás un ave enjaulado condenado a la amargura, sin libertad, o simplemente ser yo misma.
Antes de envolverme en la nueva página de mi vida, cerrar la consciencia y apagar mis ojos para nacer en este mundo otra vez, quiero recordar quién fui.
Es necesario que me conecte con mi tristeza, porque soy el otoño, la noche y la lluvia; es mi unicidad que clama una oportunidad; no mis miserias, estoy intentándolo de nuevo, porque no pudieron ver el brillo detrás de mis lágrimas.
No fue mi error, fue el error de muchos, tras señalarme o negarme unas palabras.
Un minuto a solas conmigo, y podría asegurar la paz mundial en los corazones de todos los que quieran conocerme realmente. Soy excepcional, pero tímida.
La vida es un misterio, es un ciclo interminable de evolución, es un propósito divino difícil de entender, magnifico y artístico.
Somos la danza de la creación, perfectos cuando caemos, inmensos cuando creemos, preciosos cuando envejecemos y maravillosos cuando emprendemos vuelo.
Me costó la vida, ver las cosas de esta manera. Necesité morir para hallar vitalidad en mi piel, y ahora me siento como la esencia del viento, porque mi rol en el mundo tomaba rumbos distintos siempre, jamás me quedé en el mismo lugar.
Puedo ser brillante cuando se trata de encontrar rosas en el desierto mental, incluso fui la renovación celular en las heridas de mi seres queridos. Pero, jamás me sentí amada tan verdaderamente como quisiera.
Luego de haber cerrado los ojos, mis labios fríos se negaron a recibir un beso del ángel negro, mi piel se marchitó en la soledad, mi sangre se evaporó en el silencio, y mi odio se hizo tan pequeño como el corazón de mis enemigos.
A veces, cuesta pensar en la muerte, pero es parte de la vida. Nos atemoriza la traición, pero es parte de la lealtad, nos intimida la tristeza, pero es parte del final del ciclo del amor y la alegría. Quiero decir, siempre fui las dos caras, mis pies inquietos querían pararse sobre ambos polos.
Dentro de mi familia, siempre pensé por mí misma, y mi casa no podía sentirse como un hogar.
No es una historia amarga, es una historia real, en su peso y forma.
Mi raza no determina mis habilidades, ritos, ni lenguaje.
Mi raza es solo el eco de lo que puedo ser…
Es el momento.
Mi serenidad entrelaza la sorpresa en los ojos de mi madre.
Estoy feliz en mi sombra, agradecida en mi mirada.
No recuerdo el sabor del orgullo, del pecado, ni la textura del desamor.
Estoy renovada, soy un papel en blanco. Una llama dispuesta a arder.
Un latido pronuncia tu nombre, pasos adelante estás.
Soy tu musa.
Un corazón huérfano, un alma hambrienta de afecto y pasión.
Otra vez soy la misma, no puedo asumir otro papel en el escenario que el propio que nace de mi interior.
Mi cuerpo y yo. Mis cicatrices y yo.
Tú y yo.
Somos el centro del mundo, pero mudos.
El eco del vació, cuando caen palabras en mi interior y te escucho diciéndome te amo, hoy no lucho sola.
Llegar a un futuro, solo cuesta equilibrio en los pasos, cantar en días grises, solo cuesta energía pura.
En un mundo de oportunidades, no existe la suerte.
Represento el espiral de la abundancia, el ímpetu inquieto y la bandera roja de hostilidad.
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