darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
José María estaba desanimado, quería saber que le estaba sucediendo, pensó muchas veces en cambiar su cuerpo, aunque el papel de drag-queen no le quedaba muy bien, sus fantasías se somatizaban diariamente. Algo le incomodaba, la ropa de mujer lo excitaba, sin embargo esa parte lo fastidiaba. Todos los días eran iguales, no existían acontecimientos disímiles.
Un día x (equis) todo cambió. Amaneció con un cuerpo distinto: pechos erguidos, cabellera bruna y fragante, se fijó en su espalda, había un problema, sus glúteos eran voluptuosos y llenos de ansias, su cintura era estrecha, labios carnosos, pestañas largas y onduladas, su voz se volvió dulce y sutil. Pero solamente esos detalles se habían modificado.
Se miró en el espejo y se perturbó, su familia le aplicó la ley del hielo, no toleraban verlo así, ciertos amigos le dieron la espalda y él se preguntó:
¿Qué parte de mí ha aflorado, qué ha salido de mi anterior cuerpo, me asusta lo que vendrá después?
Ideas de suicidio pasaron por mi mente, sin embargo nadie es dueño de su vida.
Chateando con un misterioso amigo la computadora empezó a absorber mi materia, sentía que las moléculas se desintegraban y como el polvo la computadora me aspiró.
Luego vibró y sonó mi celular.
