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Poeta recién llegado
Trece uvas
No me acostumbro a la presencia...
ni a la ausencia, ni a la voz que habla,
ni al silencio de la voz remota.
Hay nudos definitivos,
laberintos que siempre te conducen
a donde quisieras ir.
La costumbre, doce uvas, una más
para seguir, saber
que no hemos muerto,
que, oculta, vibra una cuerda
que es inútil justificar.
Doce uvas remotas, y otra cercana,
porque la distancia hace mucho ya
que no sabe de kilómetros.
No me acostumbro, doce uvas me sacian,
trece me dejan el apetito suficiente
para dejas paso al tiempo,
dejar que el tiempo pase.
No me acostumbro a la presencia...
ni a la ausencia, ni a la voz que habla,
ni al silencio de la voz remota.
Hay nudos definitivos,
laberintos que siempre te conducen
a donde quisieras ir.
La costumbre, doce uvas, una más
para seguir, saber
que no hemos muerto,
que, oculta, vibra una cuerda
que es inútil justificar.
Doce uvas remotas, y otra cercana,
porque la distancia hace mucho ya
que no sabe de kilómetros.
No me acostumbro, doce uvas me sacian,
trece me dejan el apetito suficiente
para dejas paso al tiempo,
dejar que el tiempo pase.
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