Trono

yomboki

Poeta que considera el portal su segunda casa
La vieja banca de escuela,
testigo resignado de un primer poema,
de algún dibujo obsceno
y de tu nombre,
aquella silla que era mi trono,
mi navío y mi refugio en aquel salón de clases
que era mi palacio y mi campo de batalla.

Aquella vieja silla donde se incendiaban los sueños
y algunas ilusiones naufragaban,
olorosa a tinta y a amores de novato,
a pantalones rotos e intentos de fuga,
a mentiras incipientes y precoz concupiscencia,
mudo declarante y cómplice inocente
de mis miradas clandestinas a la falda descuidada
que exponía a mi ambición
la piel de las vecinas.

Mi vieja butaca
que vive ahora tan solo en el recuerdo,
aquella trinchera de metal y de madera
donde muchos secretos quedaron protegidos,
fue mi lienzo y mi pincel,
la tierra donde empezaban mis semillas.
 
Nostalgia en los recuerdos de aquella vieja silla, imágenes que se disfrutan de principio a fin. Un gusto visitarte.
Un abrazo y muchas bendiciones!!
 
Hermoso, y muy elocuente tu poema, me hace evocar la época de escuela, de la que recuerdo también las sillas todas marcadas con los pensamientos juveniles de los estudiantes, un placer leerte, aplausos y merecida reputación, saludos.
Franc.
 

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