yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
La vieja banca de escuela,
testigo resignado de un primer poema,
de algún dibujo obsceno
y de tu nombre,
aquella silla que era mi trono,
mi navío y mi refugio en aquel salón de clases
que era mi palacio y mi campo de batalla.
Aquella vieja silla donde se incendiaban los sueños
y algunas ilusiones naufragaban,
olorosa a tinta y a amores de novato,
a pantalones rotos e intentos de fuga,
a mentiras incipientes y precoz concupiscencia,
mudo declarante y cómplice inocente
de mis miradas clandestinas a la falda descuidada
que exponía a mi ambición
la piel de las vecinas.
Mi vieja butaca
que vive ahora tan solo en el recuerdo,
aquella trinchera de metal y de madera
donde muchos secretos quedaron protegidos,
fue mi lienzo y mi pincel,
la tierra donde empezaban mis semillas.
testigo resignado de un primer poema,
de algún dibujo obsceno
y de tu nombre,
aquella silla que era mi trono,
mi navío y mi refugio en aquel salón de clases
que era mi palacio y mi campo de batalla.
Aquella vieja silla donde se incendiaban los sueños
y algunas ilusiones naufragaban,
olorosa a tinta y a amores de novato,
a pantalones rotos e intentos de fuga,
a mentiras incipientes y precoz concupiscencia,
mudo declarante y cómplice inocente
de mis miradas clandestinas a la falda descuidada
que exponía a mi ambición
la piel de las vecinas.
Mi vieja butaca
que vive ahora tan solo en el recuerdo,
aquella trinchera de metal y de madera
donde muchos secretos quedaron protegidos,
fue mi lienzo y mi pincel,
la tierra donde empezaban mis semillas.