Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
El mar se reflejaba en tu mirada,
sobre la ardiente arena de la playa,
cuando una joven ola, descarriada,
la felpa salpicó de tu toalla.
Quise secar las gotas con mi mano,
inclinando mi cuerpo sobre el tuyo,
no recuerdo si pude yo evitarlo,
mas mi mano apoyé sobre tu muslo.
Tan solo nos miramos un instante,
cuando, ajenos al devenir del mundo,
junto al mar, de reflejos, rutilante,
nos fundimos en un beso profundo.
La tierra suspendió su eterno giro,
el mar detuvo el plácido oleaje,
tan solo, se escuchaba tu suspiro,
en medio del silencio del paisaje.
sobre la ardiente arena de la playa,
cuando una joven ola, descarriada,
la felpa salpicó de tu toalla.
Quise secar las gotas con mi mano,
inclinando mi cuerpo sobre el tuyo,
no recuerdo si pude yo evitarlo,
mas mi mano apoyé sobre tu muslo.
Tan solo nos miramos un instante,
cuando, ajenos al devenir del mundo,
junto al mar, de reflejos, rutilante,
nos fundimos en un beso profundo.
La tierra suspendió su eterno giro,
el mar detuvo el plácido oleaje,
tan solo, se escuchaba tu suspiro,
en medio del silencio del paisaje.
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