Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
El verso me sorprende barriendo,
pero el techo está siempre caído.
No importa.
Son unas ganas de asesinar tu nombre,
de aprender a callarlo como aprendí a decirlo
sin confundirte con tu apenas talla
de eternidad mentirosa,
pero entonces le brota un tallo, una violeta
de sabor oscurecido,
vuelve a florecer tu boca:
entonces miento como todos los pinches líricos,
boto barcos en tu nombre
para que se le antoje irse. Le pinto la estrella
del Norte,
le acerco la pija para que se atragante,
pero solo menciono su terciopelo,
nunca la médula de tu ostracismo,
el silencio que toqué con mi muerte
cerca de tu útero.
Te pareces a tu nombre, glifo indescifrable,
rasposo de caer donde lo callo,
donde nunca más lo dices.
Es mediodía. Tengo que fregar el piso, las paredes,
mis dientes caníbales
merodeadores de lechugas que se te parecen.
Son las doce y no sé qué estarás tomando,
pero yo ya estoy borracho.
pero el techo está siempre caído.
No importa.
Son unas ganas de asesinar tu nombre,
de aprender a callarlo como aprendí a decirlo
sin confundirte con tu apenas talla
de eternidad mentirosa,
pero entonces le brota un tallo, una violeta
de sabor oscurecido,
vuelve a florecer tu boca:
entonces miento como todos los pinches líricos,
boto barcos en tu nombre
para que se le antoje irse. Le pinto la estrella
del Norte,
le acerco la pija para que se atragante,
pero solo menciono su terciopelo,
nunca la médula de tu ostracismo,
el silencio que toqué con mi muerte
cerca de tu útero.
Te pareces a tu nombre, glifo indescifrable,
rasposo de caer donde lo callo,
donde nunca más lo dices.
Es mediodía. Tengo que fregar el piso, las paredes,
mis dientes caníbales
merodeadores de lechugas que se te parecen.
Son las doce y no sé qué estarás tomando,
pero yo ya estoy borracho.
12 de octubre de 2021
Última edición: