Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como ese negro desprendido de la noche al llegar el alba
que ama a la última estrella que brilla en el cielo,
como el serrín que llora en la madera
a la lágrima verde que fue su estandarte,
como el nido de la golondrina aún caliente
que se queda sin plumas que le hagan cosquillas
y rellenen los huecos.
¿Cómo poder conservar el calor
en la paredes vacías de mi cuarto,
si te marchas?
Como lluvia encogida en el paraguas
que no toca el suelo para besar la tierra,
como calcetín que pierde los argumentos
para encontrar la pareja entre tanto bullicio
y duerme apartado en un rincón del armario,
como tabla de surf
sin ola que le aplauda las destrezas
y alas sin viento y teclas sin piano
y aulas sin sumas, sin restas, sin productos,
como lápiz sin labios…
Así, frágil la esperanza
se desprende a veces
de los últimos vuelos
y regresa.
que ama a la última estrella que brilla en el cielo,
como el serrín que llora en la madera
a la lágrima verde que fue su estandarte,
como el nido de la golondrina aún caliente
que se queda sin plumas que le hagan cosquillas
y rellenen los huecos.
¿Cómo poder conservar el calor
en la paredes vacías de mi cuarto,
si te marchas?
Como lluvia encogida en el paraguas
que no toca el suelo para besar la tierra,
como calcetín que pierde los argumentos
para encontrar la pareja entre tanto bullicio
y duerme apartado en un rincón del armario,
como tabla de surf
sin ola que le aplauda las destrezas
y alas sin viento y teclas sin piano
y aulas sin sumas, sin restas, sin productos,
como lápiz sin labios…
Así, frágil la esperanza
se desprende a veces
de los últimos vuelos
y regresa.
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