ludmila
Poeta veterano en el portal
A menudo esquivo el almuerzo de los sueños,
zigzagueando el escombro del camino,
una voz de paño azul y cofradías
serpentea en el alma del encanto.
Aquelarre en el fondo del abismo
alas de un añil oscuro e impensable,
flotan en el ámbar del colapso
para desterrar ese aljibe de limosnas estériles.
El aire suave de la lluvia
es alivio al dolor de las heridas,
predeterminada forma de la vida
que me lleva a coleccionar las llagas.
Un ángel ambarino, me bifurca el camino,
desagota el cúmulo de lágrimas
y anonada el desierto de fantasmas
que emigran cada noche de mi llanto.
zigzagueando el escombro del camino,
una voz de paño azul y cofradías
serpentea en el alma del encanto.
Aquelarre en el fondo del abismo
alas de un añil oscuro e impensable,
flotan en el ámbar del colapso
para desterrar ese aljibe de limosnas estériles.
El aire suave de la lluvia
es alivio al dolor de las heridas,
predeterminada forma de la vida
que me lleva a coleccionar las llagas.
Un ángel ambarino, me bifurca el camino,
desagota el cúmulo de lágrimas
y anonada el desierto de fantasmas
que emigran cada noche de mi llanto.