Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Y al día siguiente de un día cualquiera,
de ti solo quedaba un hueco,
como el que deja un clavo herrumbroso
en el yeso de la pared.
Podría obviar la metáfora de tu retrato
en la pared, el marco contra el suelo,
el vidrio hecho pedazos, pero se podría pensar
que de ese clavo vencido
pendía cualquier otra cosa, un reloj cucú,
un diploma certificado en hacer pendejadas.
Lo cierto es que desapareciste
de donde de por sí no estabas
y quedó un hoyo oscuro como de algo
que estuvo mucho tiempo clavado.
Dale, pues: ahora eras un hueco; pero no uno
de los muchos que tengo tan ocultos.
Un hueco que fue ausencia que fue presencia,
como la huella digital que queda
en la escena de un crimen,
cinta amarilla alrededor donde las bocas
se cometieron
en besos, en promesas,
y después se traspapela, se pierde, se olvida
sin jamás resolver su misterio.
Ya no era tu cara la cara que me inventaba
para guardarte en el búnker como una lata de frijoles
por si el fin del mundo me sorprendía
de nuevo con hambre, de nuevo con miedo.
Solo un hueco de ti vacío, antiestético,
y yo tan rampante
que ese mismo día, después del día cualquiera,
empecé a llenarlo con el material
más barato de todas las artes y las artesanías:
las palabras.
Ahora mismo trato de ocultar la pared derrumbada
con este lindo certificado que me acredita
como experto en cometer...
bocas que me olvidaron.
de ti solo quedaba un hueco,
como el que deja un clavo herrumbroso
en el yeso de la pared.
Podría obviar la metáfora de tu retrato
en la pared, el marco contra el suelo,
el vidrio hecho pedazos, pero se podría pensar
que de ese clavo vencido
pendía cualquier otra cosa, un reloj cucú,
un diploma certificado en hacer pendejadas.
Lo cierto es que desapareciste
de donde de por sí no estabas
y quedó un hoyo oscuro como de algo
que estuvo mucho tiempo clavado.
Dale, pues: ahora eras un hueco; pero no uno
de los muchos que tengo tan ocultos.
Un hueco que fue ausencia que fue presencia,
como la huella digital que queda
en la escena de un crimen,
cinta amarilla alrededor donde las bocas
se cometieron
en besos, en promesas,
y después se traspapela, se pierde, se olvida
sin jamás resolver su misterio.
Ya no era tu cara la cara que me inventaba
para guardarte en el búnker como una lata de frijoles
por si el fin del mundo me sorprendía
de nuevo con hambre, de nuevo con miedo.
Solo un hueco de ti vacío, antiestético,
y yo tan rampante
que ese mismo día, después del día cualquiera,
empecé a llenarlo con el material
más barato de todas las artes y las artesanías:
las palabras.
Ahora mismo trato de ocultar la pared derrumbada
con este lindo certificado que me acredita
como experto en cometer...
bocas que me olvidaron.
08 de mayo de 2024
Última edición: