Adrian Gerardo
Poeta fiel al portal

Caminaba entre baldosas rayadas, me percaté de un muro blanco y soñé con pintarlo.
Contarle el chiste más jocoso, la pirueta más audaz, me senté despaldas a él, con mi cabeza contemplando su historia.
Toqué con mis manos la humedad del piso, la gente pasaba y me miraba, quizás me tildaron de mendigo en sus pensamientos.
Tal vez lo sea, ando mendigando que los corazones se despierten, mi grito tranquilo inaudible, muchas veces hace eco, tiempo después que me lo propuse.
Estoy lleno de amigos, creo que cada uno de ellos es único, creo que todos lo son, ¿puedo seleccionar a uno en particular?, porque al elegir nos basamos en nosotros, ¿y qué hay de lo que no sabemos del otro?
Esa magia que viaja distancias enormes para conectar y transformar su dicha en pequeños charcos que besar.
Sorprendido, maravillado, feliz, sin límites, me dispuse a charlar con este muro amigo, antes que fuera ladrillo sobre ladrillo, antes que yo naciera y fuera un viajero etéreo.
Cada paso, cada respiración nos acerca más a todo, es como conquistar el corazón en todas direcciones, luego uno se da cuenta que está ebrio de amor, locamente enamorado de todos los sucesos.
Perfecto sin abrigos.
Amo el frio, ese que le da vacaciones a mi cabeza.
Al final me paré, saludé al muro blanco, le agradecí su nota y seguí caminando siempre acompañado, ¿Cómo podría no estarlo?