Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la oquedad de su existir, latía
una obsesión, que por doquier enreda,
y al no cesar, con su maldad se hospeda
en su vivir, y con rencor crecía.
Y en el espanto de un nefasto día,
todo el hedor que imaginarse pueda
dejó en el suelo con el alma queda
la dignidad, que a su pesar perdía.
todo el honor que atesorado estaba
entre el recelo y la anhelada duda.
La sinrazón se desató furiosa ...
y en un rincón se marchitó la rosa.
una obsesión, que por doquier enreda,
y al no cesar, con su maldad se hospeda
en su vivir, y con rencor crecía.
Y en el espanto de un nefasto día,
todo el hedor que imaginarse pueda
dejó en el suelo con el alma queda
la dignidad, que a su pesar perdía.
Como un resorte, sin piedad, saltaba,
todo el rencor que la ignorancia anuda,todo el honor que atesorado estaba
entre el recelo y la anhelada duda.
La sinrazón se desató furiosa ...
y en un rincón se marchitó la rosa.